Nos corresponde referirnos a la muestra de obras artísticas que integran el primer Museo en Línea de Honduras, especial en su género, por tratarse además de una colección privada de obras, adquiridas, a través de muchos años, desde la fundación del Banco Atlántida y su inicio de operaciones en mil novecientos trece. Al mismo tiempo vale destacar, que esta es la primera vez que se presenta virtualmente para deleite del público y a los estudiosos del arte en general. Como es de intuirse, las obras fueron concebidas y ejecutadas, algunas con firmeza, otras con delicadeza, por artistas de la plástica inicialmente hondureños y posteriormente, se amplió la muestra al adquirir arte de otras latitudes latinoamericanas.
La variedad y mezcla de obras nos transporta, desde planteamientos sencillos casi rudimentarios, hasta la magia de un arcoíris cromático con formas, difusiones y tonos interminables.
Artistas de quince naciones aparecen representados en esta colección cuyas obras han sido adquiridas por ejecutivos del Banco Atlántida, manteniendo una visión nacional e internacional, considerando siempre a los más destacados artistas de su momento histórico.
En Honduras se conoce la obra de nuestros primeros artistas de la colonia, José Miguel Gomes nuestro gran pintor criollo y el también retablista Blas de Meza entre otros, talvez los más renombrados aparte de otros destacados y varios anónimos a quienes la iglesia encargaba las obras para engalanar nuestras iglesias, de allí que, posteriormente aparecen otros pintores sobre todo pintan a nivel particular y no a nivel público es por ello que no tenemos un especial reconocimiento de sus obras, por lo tanto nuestro recorrido visual lo iniciamos con la colección de obras de nuestra plástica hondureña de artistas de finales de mil ocho cientos ochenta, con la presencia de los artistas Carlos Zúniga Figueroa (1884-1964), Max Euceda (1891-1987), Pablo Zelaya Sierra (1896-1933) cabe destacar que esta colección posee “Hermanos contra hermanos” la única obra que este artista pinta a su regreso de España en 1932, es llamado el padre de la plástica contemporánea de Honduras y Confucio Montes de Oca (1896-1925). Luego en el siglo veinte surgen Arturo López Rodezno (1908-1975), Ricardo Aguilar (1915-1951), Roberto Sánchez (1916-1982), Álvaro Canales (1919-1983), Mario Zamora (1920 - 2017), Gelasio Giménez (Cuba/Honduras 1923-2008), Moisés Becerra (1926 - 2018), Arturo Luna (1926-1979), Miguel Ángel Ruiz Matute (1928 - 2018), Dante Lazzaroni (1929-1995), María Talavera (1929-1981). Y, porque no expresarlo, quien nos puso en el mapa del mundo fue nuestro gran primitivista José Antonio Velásquez (1906-1983).
También encontramos otros excelentes maestros del siglo veinte posteriores a los anteriores: Benigno Gómez (1934 - 2017), Mario Castillo (1935-2012). La generación de los 40´s, que se caracterizó por la creación de la Escuela Nacional de Bellas Artes por parte del artista Arturo López Rodezno. A partir de 1940, nuestros artistas recibían educación formal y se convirtieron en grandes exponentes de la plástica nacional. Entre los artistas que estudiaron en esta década y se consolidaron en los 50’s cabe destacar a Arturo Luna, Dante Lazzaroni, Álvaro Canales, Moisés Becerra, Miguel Ángel Ruiz Matute y Roberto Sánchez. Ricardo Aguilar enfoca su obra en la vanguardia y diferencia su obra de todos sus contemporáneos. Todos ellos buscaban un discurso personal que los identificara y consolidara, combinando sus estudios de composición formal y sus técnicas. Luna, Sánchez, Becerra y Castillo se especializan en Italia, Ruiz Matute y Lazzaroni lo logran en México.
Es importante mencionar que en los 50’s se fortalecen la plástica nacional en especial la pintura. Sin embargo, en aquellos años Arturo Luna y Roberto Sánchez se inclinaron hacia la escultura y trabajos en cerámica. En las próximas décadas la Escuela Nacional de Bellas Artes produce talentos y los exporta, Mario Castillo, Gustavo Armijo, Víctor López, Aníbal Cruz, Luis H. Padilla, Lutgardo Molina, Cesar Rendón, Virgilio Guardiola, Dino Fanconi, Felipe Burchard, Juan Ramon Laínez, Carlos Garay, Manuel Rodríguez, Marco Tulio Acosta, Iván Arriaga, Gregorio Sabillón, Benigno Gómez entre otros.
Entre los artistas de la generación de los 60’s es importante destacar dos cosas; fundan el primer taller colectivo de pintura, conocido como “La Merced”, en 1974 y que varios de ellos se enfocaron en pintar paisajes urbanos y rurales con una visión impresionista cuando otros se concentraron en el surrealismo y el barroco. Visquerra, Sabillón, Guardiola y Cruz viajan a España a conocer las nuevas tendencias pictóricas.
En los 70’s, la mayoría de los artistas enfocan su obra en el compromiso con las causas justas del pueblo hondureño, muchas retratan situaciones sociales y conflictivas de aquellos tiempos. Entre otras cosas en esta década nace el interés de los artistas en llevar su obra y el arte en general a los espacios públicos y no las galerías y museos. En 1977 nace el grupo ZOTZ (murciélago en maya), que mostraba sus obras en el parque central, la Concordia y la Leona de Tegucigalpa, además se declaran defensores del patrimonio nacional e impiden la demolición del edificio del correo nacional.
Los 80’s marcan la aparición de temática política, a nivel nacional y centroamericana en las propuestas pictóricas de los artistas hondureños. Un hecho importante de esta década es la creación de la primera Antología de Artes Plásticas de Honduras, que perdura hasta hoy, con una trayectoria de 17 antologías celebradas a través de los años. A finales de esta década empiezan a participar artistas hondureños en eventos artísticos a nivel internacional.
En los 90’s se implementa de forma activa el sistema de galería, se introduce la curaduría en las exhibiciones, surgen nuevas corrientes como la instalación, fotografía digital y video. Es importante mencionar la fundación de la organización Mujeres en las Artes (MUA) en 1995. Algunos nombres que sobresalen en estas últimas décadas son; Jesús Antonio Zelaya, Rony Castillo, Hermes Armijo Maltez, Delmer Mejía, Roque Zelaya, Obed Valladares, Horst Schiftain, Armando Lara, Francisco Pinto Rodezno, Santos Arzú Quioto, Regina Aguilar, Bayardo Blandino entre otros.
Después del 2000, surge una ola de artistas contemporáneos. En el 2006, se lleva a cabo en Tegucigalpa la primera edición de la Bienal de Artes Visuales de Honduras, coordinada por Mujeres en las Artes, (MUA) con sede en el Museo para la Identidad Nacional, (MIN). Estas mismas organizaciones fueron responsables de llevar a cabo la Bienal de Artes Visuales de Istmo Centroamericano (BAVIC) en el 2008.
Las técnicas utilizadas son igualmente diversas, por la variedad de artistas de tantos orígenes e influencias plásticas: oleos, acrílicos, acuarelas, carboncillos, dibujos, acuarelas, esculturas, rebasan nuestros sentidos con la gama de imágenes y colores reunidos, lanzados a la interpretación de las mentes más exigentes de sus observadores. Con la información de esta muestra se quiere mostrar al público hondureño como al extranjero, la propia historia del arte de este país, que a veces perdida, u olvidada por la actual vida moderna, se estudian autorías de otros continentes olvidando la propia.
La nebulosa en que aún se encuentra nuestro conocimiento acerca de la cultura maya de Copán está en el tono apropiado, los primeros desembarcos de los conquistadores; el Cacique Sizamba, principal de la región del Ulúa, y aún la pérdida de las cabalgaduras que dieron nombre a Puerto Caballos. El color negro de la esclavitud predomina en el período colonial con ligeros claros que dan las Leyes de Indias, pero de ese mismo oscurantismo surgen las llamaradas de nuestras ideas en el mundo que se proyectan hacia la independencia; la doble personalidad de Valle; un Morazán recio, nada convencional, de líneas duras del luchador, un retrato casi desconocido en Honduras y que quizás será controversial. Ya de aquí en adelante, el brazo de Morazán , no su figura estética, estará en el trasfondo de cada nueva escena porque el muralista con ello nos exhorta a no apartarnos de la lucha del prócer, porque pareciera que este es el mensaje de Ruíz Matute, y que en ello se propone su énfasis: la lucha por el saber, lucha contra el invasor, contra la esclavitud, contra el colonialismo, la lucha del reformador, lucha contra la miseria, y luego con luminosidad su esperanza en la gente nueva.
Pero será el propio autor quién, en algún día de vena, querrá revelar con propiedad y elocuencia el hálito que movió a su pincel hacia ciertos colores y lo condujo por la ruta de sus trazos.
(Notas del Abogado Arturo H. Medrano M )
Revista Honduras Rotaria No. 273
- EXALTACIÓN A HONDURAS MURAL DEL BANCO ATLÁNTIDA
Las oficinas principales del Banco Atlántida, S.A., de Tegucigalpa, tienen la importante connotación de poseer una gigantesca pintura del artista Miguel Ángel Ruíz Matute.
Constituido por ocho paneles, que hacen un total de 23 metros lineales nos muestra gráficamente una proyección interpretativa de lo puntos centrales de la historia de Honduras, enlazada con la historia de la moneda y la historia del Banco Atlántida.
Una de las grandes ventajas con que contó el artista es que el arquitecto responsable del proyecto: Rafael Virgilio Padilla Valenzuela, seleccionó el espacio propicio par el desarrollo del proyecto, siendo además apoyado receptivamente por el Doctor Paul Vinelli, Presidente de la institución bancaria.
La obra se ejecutó en Roma, Italia, en un lapso de cinco años. La primera fase, estudio y la perspectiva mental para concebir la idea que se quiere plasmar. Etapa de consulta con historiadores, como don Víctor Cáceres Lara, con sus escritos, Mario Martínez Castillo, con sus investigaciones , el invariable amigo común Ramón Oquelí, y los estudios conexos de Mario Argueta fueron los grandes consultores.
Así el artista inicia el primer panel con el fragmento del maestro Rafael Heliodoro Valle que dice: “ a los grandes abuelos mayas, que cincelaron el rostro del tiempo con amor, sabiduría y paz “. El mismo artista nos dice textualmente: “en cuanto a la preparación de los dos grupos indígenas se trata que al principio yo tenía que partir de una base y la base era una cosa riquísima y yo tenía que arrancar de lo que más conocemos de nuestra cultura que son los mayas. Y como los mayas ya no quedan incluso aún se dice que ya habían desaparecido cuando llegaron los españoles desde hacía unos trescientos años, lo único que nos quedaba eran piedras, entonces yo tenía que trabajar no sobre una base abstracta, porque no puede decirse abstracta cuando nos quedan esculturas, nos queda una ciudad que aunque esté en ruinas, es una cosa palpable, es cosa que está allí, es una cosa plástica. Entonces era hasta cierto punto hacerle un homenaje a la escultura, porque ellos eran predominantemente escultores.
Entonces para mí fue cosa de mucho gozo, de mucho entusiasmo comenzar con los mayas. Para mi Copán ha sido más que todo un sueño, que aún ahora que vuelvo a verlo, siempre me reafirmo en la idea, siempre lo veo metido en una nebulosa del tiempo. Yo veo el tiempo como una cosa de blancos a grises y dentro de eso he tenido que imaginarme como eran ellos, pues yo creo que era gente bastante fuerte, bastante desarrollada, de gran estatura, no solo física sino moral y de ahí arranqué.”
Aún cuando el mismo autor lo confiesa, también es interesante observar como significa mediante la separación de dos grupos étnicos con claridad, para indicar como los mayas representan un pasado lejano en el mismo momento del encuentro con los invasores hispánicos, ya no es el maya puro el que recibe a los conquistadores, es otro tipo de indígena, aunque sea descendiente de aquel. Para lo cual hace significante la idea de un aborigen subido en un cocotero, atisbando lo que acontece en los alrededores para dar la noticia a la población. Esta costumbre sigue siendo vigente en algunas poblaciones lencas de la sierra graciana. (Panel 1)
El grupo de mujeres conlleva una denotación connotiva no solo a la participación de la mujer en la historia nacional, sino que la remarca desde los comienzos de ese primer encuentro, de donde virtualmente surgirá la identidad de la nueva raza mestiza.
Antes de integrar el grupo hispánico, se puede ver un indio de espaldas enfrentándose con el español que llega. Este indígena recibe como gran señor al español que viene cargado de presentes que se simboliza en el cofrecito que está cargado de joyas. A este aborigen lo coloca de espaldas como símbolo de resistencia que posteriormente se iba a iniciar contra la conquista y los desmanes de los conquistadores. También es importante denotar que aquí arranca la historia de la moneda que en esa época es el cacao, que es otra de las bases del mural. El indio no puede aceptar un obsequio sin dar nada a cambio, y le ofrece un regalo de cacao, los indios utilizaban tradicionalmente el cacao como símbolo de intercambio.
Los signos ópticos que están exquisitamente delineados de los blancos grisáceos puestos en el sueño constructivo de los abuelos mayas , se diluyen en tonos cremosos hasta formar los grises definitorios que van a dar el ambiente esquizofrénico del amarillo y rojo del encuentro hispánico que es una forma de remarcar la nacionalidad española. Los signos se repiten en las figuras de los caballos cabalgando entre las nubes cuya belleza ecuestre se enlaza con las cruces de las espadas españolas, donde se ubica el grupo central (ópticamente focal) de los españoles, como dato histórico Ruíz Matute dice: “ Tomar en cuenta el desembarco que los conquistadores hicieron por Puerto Caballos (hoy Puerto Cortés), por lo que se le ocurrió que este grupo de caballos viene tratando de meterse a golpes dentro de este momento histórico. Por un lado, la parte de la historia, y por otro la cosa es simbólica. Estos caballos vienen a destruir una cultura, incluso, ciertas patas de los caballos están cabalgando sobre nuestras ruinas. Es decir, están en plan de echar por tierra algo, porque ellos quieren tomar posesión de otra cosa, que es justamente el símbolo que representan los españoles que están desembarcando y que quieren destruir esa cultura, para que sea más fácil la conquista. Entonces en esa actitud, por un lado traen un poco de luz, pero por otro lado también traen oscurantismo. No se puede ser completamente negativo, ni tampoco completamente optimista en este momento histórico (Panel 2)
Iniciando un tercer panel, el indio que está de espaldas es la oposición, por que cuando la gente se dio cuenta que no era misión de paz, que venían más que todo a gobernar, hubo
una resistencia y es precisamente la que representa este cacique. Puede ser Lempira, o cualquier otro, pero lo cierto es que hubo oposición y este cacique está en actitud agresiva tratando de poner resistencia al conquistador. El brazo que extiende con el arco y con la flecha, se ve en el fondo que el puño de él va agrandándose, a tal punto que golpea el rostro del conquistador.
Al ir entrando a la etapa de la colonia que es el cuarto panel, va decayendo el color hasta ensombrecerse, se ven en primer plano unas manos y un puñal con un color encendido en el mango y al fondo se ven montañas y un paisaje. Honduras es un país de áspera geografía por lo cual el paisaje es muy importante. La cadena de montañas que pudiera ser el Merendón está horadada, no quedan nada más que agujeros, refiriéndose a la explotación minera. En la parte baja se ven figuras sometidas, que representan a esclavos cargando sacos llenos de minerales.
De los datos históricos facilitados por el historiador Mario Argueta, el autor concluyó que cuando el Padre de Las Casas, hizo la Ley de Protección para los indios, se llegó al acuerdo de que había que proteger al indígena, entonces se trajo al esclavo negro, e interpretó que ello creó una situación bastante polémica, por un lado se estaba liberando al indígena, pero por otro, se estaba esclavizando a otro grupo étnico. Se explica esta época oscura por los colores negros y azules violeta. En la parte baja se ve una moneda, que se llamó la moneda macuquina, que representa la primer moneda que se acuñó en esa época .
El uso de los colores oscuros creó una atmósfera tenebrista muy en concordancia con aquellos hechos de la historia que aún se debaten y que son objeto central y fuente de ardua polémica, para el caso, se distingue una mano que protege, pero esta mano tiene colgado un rosario negro, que representa una mano eclesiástica. La que le sigue es otra mano que tiene un papel arrugado significando lo poco que sirvió esta ley, en el cual se lee claramente “ Ley de Indias “, se supone que esa mano es la del Padre Las Casas haciendo justicia. Pero hay otra mano empuñando una espada, lo que significa que esta protección era de doble filo.
Técnicamente el uso del recurso de la luz sobre el color, se va utilizando al entrar al quinto panel, empieza donde otra mano está empuñando la antorcha de la independencia. Debajo de la antorcha hay una continuación del oscurantismo significando que cuando estalla esa luz, la circunda todavía una parte oscura en la cual se vislumbra una escena erótica , dando a entender que bajo esa luz había un situación de cruce de razas, que dará origen a nuestro mestizaje bastante bravío y agresivo, por lo cual están esas manos grandes armadas con machetes. El simbolismo de toda la etapa colonial que rompe sus cadenas con el acto de la independencia de 1821. queda hermosamente plasmado mediante una mano que sangra en señal de sufrimiento.
El tránsito de la colonia al criollismo se fusiona con la independencia y solo es posible diferenciarla mediante una deconstrucción cromática. Los tonos brillantes, rojo y gualda de la conquista que van oscureciéndose y tornándose sombríos a medida que se va entrando en la fase colonial, donde los personajes centrales del criollismo como José Cecilio del Valle, (en su dicotomía típica del criollo que lo hace sentir tan ligado al pasado hispánico como la presencia de la nueva tierra que ha hecho propia, contradicción que constituyó la raíz de su angustia vital) están marcadas en medio de grandes haces de luz que resulta esa angustia palpitante, esa agonía del criollo imerso en sus contradicciones existenciales.
A la par de Valle se sitúa Dionisio de Herrera que porta el documento constitucional y sirviendo como un especie de frontera entre Valle y Morazán y al mismo tiempo como puente en su actitud serena, según dice el maestro Ruíz Matute: ‘ porque por un lado tenemos al pensador y por otro lado al guerrero”. La libertad se simboliza mediante una antorcha y el autor remarca su idea del poeta Castañeda Batres que dice: “y a esos pocos la luz los hizo antorchas”.
Un José Trinidad Cabañas rejuvenecido para simbolizar la imagen de la virtud y la honestidad del caballero, del amigo entrañable, del varón honesto y sincero en los que funda la sociedad criolla los valores más apreciables de nuestra sociedad tradicional, se enmarca con el perfil dominante del héroe máximo Francisco Morazán en una visión de una imagen no convencional. (El pintor se apoyó en un antiguo grabado descubierto por el poeta Oscar Acosta).
Justamente donde termina el quinto panel, que es con el General Morazán y el General Cabañas, en la parte superior del sexto panel se representa el desmembramiento de Centro América. A lo lejos los parches de color son las cinco repúblicas desmembradas “ como cinco islas a la deriva en medio de un mar océano, por lo cual tiene ese verde marino pero en la parte superior tocados con un sol calcinante es lo que justifica los amarillos. Honduras por un lado, Nicaragua por otro, El Salvador por otro, Costa Rica y Guatemala por otro lado, no nos da como producto mas que una guerra fraticida, plasmada por los dos hombres que están en la parte inferior golpeándose: sobre ellos lo único que queda es una mujer con las manos entrelazadas por detrás de la cabeza, que representa al fantasma de la república observando esta situación caótica.
“Al fondo se ven imágenes de piratas y de corsarios que nos asolaron en esa época que venían por las divisas extranjeras. Dentro de esta situación hay un cordel con banderolas que están significando fiestas, como si hubiera una fiesta en el Caribe. Cuando se hace una fiesta en los barcos, siempre se ponen banderolas, entonces dan la idea de un carnaval en el Caribe. Este carnaval está hecho desgraciadamente a base de divisas extranjeras.”
Así ubica el maestro Matute, con sus propias palabras el período de las guerras civiles hondureñas fraticidas donde según el mismo expresa las banderas extranjeras o divisas son las libras esterlinas o los dólares que vinieron a sustituir la moneda de la gran república o federación centroamericana con su hermosa divisa “ crezca libre y fecunda” o todas aquellas monedas extranjeras que circulaban para propiciar el caos y la confusión.
Como frontera de ese período, sin dividir el mural hay un racimo de plátanos que representa la actividad bananera, para integrarla con la eclosión del desarrollo del norte del país a través de las plantaciones bananeras, lo que concuerda justamente con el surgimiento del Banco Atlántida en La Ceiba en 1913; porque este banco se inicia con capital de los hermanos Vaccaro y D’Antoni, cuando ellos comenzaron con pequeñas embarcaciones a transportar el banano de la Costa Norte a Nueva Orleans. Al fondo se ven los barcos con sus nombres el primero que se conoce históricamente es el “Santa Otero”.
El artista declara haber querido dejar constancia de que “ el desarrollo de la Costa Norte está íntimamente ligado con el surgimiento del Banco Atlántida y que además es el esfuerzo del pueblo de Honduras de salir adelante para sobrevivir ya fuese por medio del banano o como anteriormente se hizo por las minas. Por otro lado es una fuente de trabajo que habían facilitado los hermanos Vaccaro y D’Antoni.”
Quiso además rendirle un homenaje “ al pueblo que está unido, trabajando para crearse su propias fuente de riqueza, es decir, su sobrevivencia, por lo que se le ocurrió que había que enmarcar como cosa plástica su hito en el mural. Entonces puse algo grande para rendirle homenaje a ese pueblo que hizo la creación de nuestro bienestar, con esa gigantesca figura en pié, cuidando que los brazos, el instrumento que está levantando es un instrumento de trabajo, por un lado labriego, pero que también puede dar la idea de ser un arma también, un rifle si acaso. Puede verse que el lado izquierdo es la culata de un rifle y lo que el otro lado pudiera ser la empeñadura de un pico o de una pala.”
En los dos últimos paneles se resume ‘… lo dedicado a la historia del Banco Atlántida, aparece el primer billete acuñado por el Banco Atlántida, debajo del billete están unos gráficos indicándonos como la economía del país se ha ido superando, por otro lado están los productos que el Banco Atlántida ha promovido dentro del país, como decir, el azúcar, la harina, la manteca “La Blanquita” como producto del cocotero, todos estos son productos y quehaceres de Banco Atlántida. En la parte superior esta unido el segundo edificio de importancia del Banco que se hizo frente al Parque Central de Tegucigalpa, con el antiguo edificio de La Ceiba y a la derecha con el nuevo edificio de la oficina principal en la Plaza Bancatlán. Luego en la parte baja quise graficar la promoción a la cultura, utilizando como elemento divulgador una máquina de imprenta, la cual me dio cabida para poner a un entrañable amigo como promotor de la cultura en este país, al inolvidable Arturo H. Medrano M., él está inmerso en imprimir nombres dejándonos conciencia de esos nombres, de los cuales pueden ser unos periodistas y otros literatos. Ahí quedan registrados los nombres de Alejandro Castro, Vicente Machado Valle, Julián López Pineda, Filadelfo Suazo y otros nombres que nos han dado inquietud en el ambiente, con su actitud polémica, nos ayudan a generar nuestros niveles de conciencia.”
Para terminar en un punto central , se ubica la moneda actual: el Lempira y la imagen del banco actual y una proyección del futuro, representado por dos maestros rodeados de niños felices que juegan confiado en un porvenir mejor.
Los libros puestos sobre un pupitre que remarca la necesidad y el énfasis de la educación subraya los textos que han contribuído a la generación de un pensamiento propio en los distintos órdenes: Ramón Rosa, Medardo Mejía, Ramón Amaya Amador, Alfonso Guillén Zelaya, Clementina Suárez y otros autores.
Un dínamo significativo es un recordatorio preciso del motor interno que debe desarrollar toda la energía positiva de los hondureños para desembocarla en un futuro desconocido que debe proyectarse hacia la necesidad de una integración tecnológica y al posible retorno de la concreción del viejo sueño centroamericano de la patria grande perdida y anhelada; integrada no solo por sus culturas sino por la practicidad de una moneda común que aún no se ha acuñado. Es por eso que el mural ya en esta fase final va atenuando su color hasta volver a tonos blancos, cremoso, nebulosos que al decir del artista pertenecen “ a una época que no logro vislumbrar, por lo cual lo pongo siempre como una nebulosa.”
Como toda obra intelectual, el mural tiene también su epílogo. En la certidumbre y en la confianza de que el mural es patrimonio del pueblo y para conservar esa unidad, rinde su paleta como homenaje final a las personas que contribuyeron a la realización de la obra: al gran pintor de Honduras, Pablo Zelaya Sierra, maestro de maestros, en quién se afincaron todas las líneas pictóricas posteriores del presente siglo. Artistas que fueron maestros con su ejemplo, con su humildad y dedicación, como Max Euceda, Teresita Fortín, Ricardo Aguilar “ y otras paletas que se quedan ahí para las nuevas generaciones que vengan y que dependa de ellas quién va a poner su nombre y luego firma con la gente que me hizo posible con su asesoramiento este mural, es decir, el Lic. Cristóbal Ramón Oquelí G., el técnico italiano Cesare Martini, el técnico inglés Joseph A. Cockerill, en Roma, Italia 1979-80”.
Miguel Ángel Ruíz Matute tituló su mural con el nombre de “EXALTACIÓN A HONDURAS” - El pintor del color y la luz se dejó iluminar por el verbo encendido de Oscar Castañeda Batres, se dejó absorber por las visiones proféticas de Alfonso Guillén Zelaya, revisó el pasado, oteó en el futuro y concluyó que “para seguir con la continuación de la luz que fue la antorcha heredada de nuestros padres de la independencia, entonces esa sucesión de antorchas es también lo que nos va a marcar aparte de la luz solar; la actitud nuestra por hacer la luz”.
Sin lugar a dudas el mural de Miguel Ángel Ruíz Matute, es un canto a la esperanza




