La ilustración, inspirada en la década de 1960 y en la construcción del edificio Midence Soto, refleja un estudio de la arquitectura, el urbanismo y la vida laboral de Tegucigalpa. Ambientada en un atardecer y en el constante movimiento del centro, "El Centro" captura la tranquilidad dentro del ajetreo diario, rindiendo homenaje a quienes impulsan la economía de la capital. Con lugares icónicos como la Catedral, el Palacio Municipal y el Midence Soto, destaca la conexión entre los habitantes y su entorno, mostrando cómo el paisaje urbano cobra vida a través de ellos. La imagen muestra un atardecer en la Catedral, rodeada por el Palacio Municipal y el tráfico de los años 60, con los icónicos microbuses Volkswagen y los lujosos taxis de la época, junto al recién construido edificio Midence Soto. Este homenaje celebra a quienes han dejado su huella en el centro de la ciudad, compartiendo historias y emociones que perduran. Desde pequeño, el autor acompañaba a su madre al centro de la ciudad para comprar productos cosméticos. Disfrutaba la experiencia: tras recorrer el mercado y llegar al bullicio del centro, se refugiaban bajo los árboles del parque central. Allí observaba a la gente en su propio ritmo: apresurados, sonrientes o melancólicos, cada uno avanzando con fuerza y determinación a pesar de sus dificultades. Participar en este concurso fue una experiencia única. Al principio, el autor se sentía inseguro, ya que las fotos que había tomado no lograban convencerlo. Había fotografiado muchos lugares y monumentos, pero ninguno capturaba lo que realmente buscaba. Pidió ayuda a Dios para encontrar el lugar y el momento adecuados. Ese viernes, al pasar por la Catedral, vio el cielo teñido de un tono anaranjado que iluminaba la Catedral de manera impresionante. Supo que ese era el momento. Bajó rápidamente y capturó la imagen con su teléfono, sintiendo una gran alegría al lograr el instante perfecto, antes de que el cielo se oscureciera. Experiencia y trayectoria Es una persona profundamente apasionada por el arte. Desde temprana edad, comprendió que el talento que Dios le otorgó es un don para compartir, una manera de ayudar a otros a ver y recordar nuestra esencia y a valorar la magnificencia de la vida y del mundo en el que vivimos. Su enfoque creativo se nutre de temas sociales, culturales y paisajísticos, buscando que cada obra cuente historias y evoque emociones con las que todos puedan identificarse.
Durante un viaje con su familia y amigos, la artista capturó numerosas fotografías, pero una en particular llamó su atención.

A través de cada trazo, el arte tiene el poder de conectar el pasado, el presente y el futuro, capturando momentos y evocando recuerdos que nos acompañan en el tiempo. En este calendario 2025, hemos querido plasmar un homenaje visual a nuestro recorrido como país y como Institución, resaltando cómo cada momento se convierte en una pincelada que va definiendo nuestra historia. Bajo el concepto de “Un trazo en el tiempo”, celebramos la segunda edición del Atlántida Art Challenge Honduras, donde cada obra es un cautivador híbrido entre fotografía e ilustración digital. Esta fusión artística permite a los trece artistas seleccionados capturar de manera única la esencia de nuestro entorno: la fotografía representa el presente con su precisión visual, mientras que la ilustración añade una capa creativa que reinterpreta y enriquece cada escena según el contexto histórico que cada artista le ha dado. El resultado es un recorrido visual por paisajes, tradiciones y momentos cotidianos que reflejan la riqueza y diversidad de nuestra cultura, invitándonos a preservar y valorar cada instante que compartimos como país.

Artista Gráfico con más de 15 años de experiencia, ha trabajado como Director Creativo en agencias de publicidad dentro y tuera del pais, donde ha obtenido reconocimientos como el Young Lions de Cannes, FAP, Ojo de Iberoamerica, Festival de Antigua, Festival Caribe y Ganador de la portada de la primera edición del Atlántida Art Challenge 2023.

Coordinadora de Colecciones de Banco Atlántida y la Gestora del proyecto Casa Taller Sindamanoy. Con más de 15 años de experiencia en el ámbito cultural, es economista Coordinadora con una Maestría en Museología y Gestión de Museos, así como en Innovación Museográfica y Museológica. Su trayectoria se distingue por su enfoque en la sensibilización cultural, la investigación y la planificación estratégica.

Fotógrafo con reconocimiento nacional e internacional y más de 10 años de experiencia, especializado en fotografía y con amplio conocimiento en diseño gráfico, edición de video y fotografía. Su versatilidad le ha permitido trabajar en proyectos de alto impacto, capturando momentos y creando contenido visual para campañas publicitarias, portadas de revistas, producciones audiovisuales entre otros proyectos.
La idea para esta obra se inspiró en el deseo de capturar algo que haya resistido el paso del tiempo. Al elegir la Iglesia de los Dolores en Tegucigalpa como protagonista, el artista exploró profundamente su historia y arquitectura, con el objetivo de reflejar el ambiente único de este lugar, cuya construcción data de hace más de cien años. La obra retrata una época en la que las calles aún eran de tierra y los vehículos de los años 50 transportaban a la gente, mostrando cómo la iglesia fue y sigue siendo, un punto de referencia y dirección para los habitantes de Tegucigalpa.
Desde muy niño, siempre he tenido una profunda pasión por el arte en todas sus formas: pintura, dibujo, música y, por supuesto, la fotografía, que inició como un hobbie y, de manera autodidacta, mi carrera fue avanzando. Invertí en equipo fotográfico, lo que me permitió mejorar la calidad de mis trabajos y poder diversificarme. Actualmente, me dedico al 100% a la fotografía y, debido a la conexión entre la fotografía y la ilustración digital, también he adquirido conocimientos en diseño.
A lo largo de los años, he cubierto una amplia variedad de eventos. También he tenido la oportunidad de participar en varios certámenes de moda a nivel local, como Distrito Moda y Fashion Week. Mi experiencia se ha ampliado aún más con las sesiones de retrato y la creación de videos publicitarios para empresas emergentes, ayudándolas a fortalecer su imagen y presencia en el mercado. Cada proyecto es una oportunidad para seguir aprendiendo y creciendo como profesional, y disfruto enormemente de este camino.
La idea para esta obra se inspiró en el deseo de capturar algo que haya resistido el paso del tiempo. Al elegir la Iglesia de los Dolores en Tegucigalpa como protagonista, el artista exploró profundamente su historia y arquitectura, con el objetivo de reflejar el ambiente único de este lugar, cuya construcción data de hace más de cien años. La obra retrata una época en la que las calles aún eran de tierra y los vehículos de los años 50 transportaban a la gente, mostrando cómo la iglesia fue y sigue siendo, un punto de referencia y dirección para los habitantes de Tegucigalpa.
La idea para esta obra se inspiró en el deseo de capturar algo que haya resistido el paso del tiempo. Al elegir la Iglesia de los Dolores en Tegucigalpa como protagonista, el artista exploró profundamente su historia y arquitectura, con el objetivo de reflejar el ambiente único de este lugar, cuya construcción data de hace más de cien años. La obra retrata una época en la que las calles aún eran de tierra y los vehículos de los años 50 transportaban a la gente, mostrando cómo la iglesia fue y sigue siendo, un punto de referencia y dirección para los habitantes de Tegucigalpa.
Desde muy niño, siempre he tenido una profunda pasión por el arte en todas sus formas: pintura, dibujo, música y, por supuesto, la fotografía, que inició como un hobbie y, de manera autodidacta, mi carrera fue avanzando. Invertí en equipo fotográfico, lo que me permitió mejorar la calidad de mis trabajos y poder diversificarme. Actualmente, me dedico al 100% a la fotografía y, debido a la conexión entre la fotografía y la ilustración digital, también he adquirido conocimientos en diseño.
A lo largo de los años, he cubierto una amplia variedad de eventos. También he tenido la oportunidad de participar en varios certámenes de moda a nivel local, como Distrito Moda y Fashion Week. Mi experiencia se ha ampliado aún más con las sesiones de retrato y la creación de videos publicitarios para empresas emergentes, ayudándolas a fortalecer su imagen y presencia en el mercado. Cada proyecto es una oportunidad para seguir aprendiendo y creciendo como profesional, y disfruto enormemente de este camino.
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Desde muy niño, siempre he tenido una profunda pasión por el arte en todas sus formas: pintura, dibujo, música y, por supuesto, la fotografía, que inició como un hobbie y, de manera autodidacta, mi carrera fue avanzando. Invertí en equipo fotográfico, lo que me permitió mejorar la calidad de mis trabajos y poder diversificarme. Actualmente, me dedico al 100% a la fotografía y, debido a la conexión entre la fotografía y la ilustración digital, también he adquirido conocimientos en diseño.
A lo largo de los años, he cubierto una amplia variedad de eventos. También he tenido la oportunidad de participar en varios certámenes de moda a nivel local, como Distrito Moda y Fashion Week. Mi experiencia se ha ampliado aún más con las sesiones de retrato y la creación de videos publicitarios para empresas emergentes, ayudándolas a fortalecer su imagen y presencia en el mercado. Cada proyecto es una oportunidad para seguir aprendiendo y creciendo como profesional, y disfruto enormemente de este camino.
La idea para esta obra se inspiró en el deseo de capturar algo que haya resistido el paso del tiempo. Al elegir la Iglesia de los Dolores en Tegucigalpa como protagonista, el artista exploró profundamente su historia y arquitectura, con el objetivo de reflejar el ambiente único de este lugar, cuya construcción data de hace más de cien años. La obra retrata una época en la que las calles aún eran de tierra y los vehículos de los años 50 transportaban a la gente, mostrando cómo la iglesia fue y sigue siendo, un punto de referencia y dirección para los habitantes de Tegucigalpa.
La idea para esta obra se inspiró en el deseo de capturar algo que haya resistido el paso del tiempo. Al elegir la Iglesia de los Dolores en Tegucigalpa como protagonista, el artista exploró profundamente su historia y arquitectura, con el objetivo de reflejar el ambiente único de este lugar, cuya construcción data de hace más de cien años. La obra retrata una época en la que las calles aún eran de tierra y los vehículos de los años 50 transportaban a la gente, mostrando cómo la iglesia fue y sigue siendo, un punto de referencia y dirección para los habitantes de Tegucigalpa.
Desde muy niño, siempre he tenido una profunda pasión por el arte en todas sus formas: pintura, dibujo, música y, por supuesto, la fotografía, que inició como un hobbie y, de manera autodidacta, mi carrera fue avanzando. Invertí en equipo fotográfico, lo que me permitió mejorar la calidad de mis trabajos y poder diversificarme. Actualmente, me dedico al 100% a la fotografía y, debido a la conexión entre la fotografía y la ilustración digital, también he adquirido conocimientos en diseño.
A lo largo de los años, he cubierto una amplia variedad de eventos. También he tenido la oportunidad de participar en varios certámenes de moda a nivel local, como Distrito Moda y Fashion Week. Mi experiencia se ha ampliado aún más con las sesiones de retrato y la creación de videos publicitarios para empresas emergentes, ayudándolas a fortalecer su imagen y presencia en el mercado. Cada proyecto es una oportunidad para seguir aprendiendo y creciendo como profesional, y disfruto enormemente de este camino.
Con más de 90 años de historia y un profundo legado educativo y cultural, la Escuela Mixta Esteban Guardiola fue fundada para educar a los hijos de los empleados de la Tela Railroad Company (TRRC). Este emblemático lugar, ubicado en La Lima, guarda en sus paredes y pasillos la memoria de una era próspera, especialmente recordada por quienes vivieron el auge de la industria bananera. Declarada Patrimonio Nacional de la Educación y la Cultura, en su tiempo fue la escuela más grande del país, aunque hoy, su estado deteriorado no hace justicia a su antigua grandeza.
En la ilustración, el gesto de la figura principal evoca un "hola," despertando la nostalgia de una época en la que la vida giraba en torno a la actividad bananera. Sin embargo, también puede interpretarse como un "adiós," capturando el momento en que el personaje, de pie frente a la escuela, se despide de los recuerdos de infancia y se prepara para avanzar hacia el futuro.
Diseñador gráfico con más de 10 años de experiencia en el sector publicitario, donde ha logrado fusionar su pasión por el arte con proyectos comerciales de gran impacto. Artista de corazón, encuentra en el diseño un medio para canalizar su amor por el dibujo, transformándolo en piezas visuales estratégicas que hoy se reflejan tanto en Honduras como en mercados internacionales. Para él, cada proyecto representa una oportunidad de expresar creatividad y conectar con audiencias a través de imágenes que comunican, inspiran y dejan una huella duradera.
Con más de 90 años de historia y un profundo legado educativo y cultural, la Escuela Mixta Esteban Guardiola fue fundada para educar a los hijos de los empleados de la Tela Railroad Company (TRRC). Este emblemático lugar, ubicado en La Lima, guarda en sus paredes y pasillos la memoria de una era próspera, especialmente recordada por quienes vivieron el auge de la industria bananera. Declarada Patrimonio Nacional de la Educación y la Cultura, en su tiempo fue la escuela más grande del país, aunque hoy, su estado deteriorado no hace justicia a su antigua grandeza.
En la ilustración, el gesto de la figura principal evoca un "hola," despertando la nostalgia de una época en la que la vida giraba en torno a la actividad bananera. Sin embargo, también puede interpretarse como un "adiós," capturando el momento en que el personaje, de pie frente a la escuela, se despide de los recuerdos de infancia y se prepara para avanzar hacia el futuro.
Con más de 90 años de historia y un profundo legado educativo y cultural, la Escuela Mixta Esteban Guardiola fue fundada para educar a los hijos de los empleados de la Tela Railroad Company (TRRC). Este emblemático lugar, ubicado en La Lima, guarda en sus paredes y pasillos la memoria de una era próspera, especialmente recordada por quienes vivieron el auge de la industria bananera. Declarada Patrimonio Nacional de la Educación y la Cultura, en su tiempo fue la escuela más grande del país, aunque hoy, su estado deteriorado no hace justicia a su antigua grandeza.
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Diseñador gráfico con más de 10 años de experiencia en el sector publicitario, donde ha logrado fusionar su pasión por el arte con proyectos comerciales de gran impacto. Artista de corazón, encuentra en el diseño un medio para canalizar su amor por el dibujo, transformándolo en piezas visuales estratégicas que hoy se reflejan tanto en Honduras como en mercados internacionales. Para él, cada proyecto representa una oportunidad de expresar creatividad y conectar con audiencias a través de imágenes que comunican, inspiran y dejan una huella duradera.
Con más de 90 años de historia y un profundo legado educativo y cultural, la Escuela Mixta Esteban Guardiola fue fundada para educar a los hijos de los empleados de la Tela Railroad Company (TRRC). Este emblemático lugar, ubicado en La Lima, guarda en sus paredes y pasillos la memoria de una era próspera, especialmente recordada por quienes vivieron el auge de la industria bananera. Declarada Patrimonio Nacional de la Educación y la Cultura, en su tiempo fue la escuela más grande del país, aunque hoy, su estado deteriorado no hace justicia a su antigua grandeza.
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Con más de 90 años de historia y un profundo legado educativo y cultural, la Escuela Mixta Esteban Guardiola fue fundada para educar a los hijos de los empleados de la Tela Railroad Company (TRRC). Este emblemático lugar, ubicado en La Lima, guarda en sus paredes y pasillos la memoria de una era próspera, especialmente recordada por quienes vivieron el auge de la industria bananera. Declarada Patrimonio Nacional de la Educación y la Cultura, en su tiempo fue la escuela más grande del país, aunque hoy, su estado deteriorado no hace justicia a su antigua grandeza.
En la ilustración, el gesto de la figura principal evoca un "hola," despertando la nostalgia de una época en la que la vida giraba en torno a la actividad bananera. Sin embargo, también puede interpretarse como un "adiós," capturando el momento en que el personaje, de pie frente a la escuela, se despide de los recuerdos de infancia y se prepara para avanzar hacia el futuro.
Diseñador gráfico con más de 10 años de experiencia en el sector publicitario, donde ha logrado fusionar su pasión por el arte con proyectos comerciales de gran impacto. Artista de corazón, encuentra en el diseño un medio para canalizar su amor por el dibujo, transformándolo en piezas visuales estratégicas que hoy se reflejan tanto en Honduras como en mercados internacionales. Para él, cada proyecto representa una oportunidad de expresar creatividad y conectar con audiencias a través de imágenes que comunican, inspiran y dejan una huella duradera.
Esta es una obra inspirada en la conexión entre el pasado y el presente, tomando como punto de partida el ambiente del centro de la ciudad, especialmente en los alrededores del Museo de la Identidad Nacional (MIN). Al caminar por estas calles, la artista se imaginó cómo sería ese mismo lugar en los años 40: cómo se vestía la gente, qué autos conducían y cómo saludaban. Esta visión nostálgica alimentó la creación de una pieza que invita al espectador a explorar cómo los elementos de una época conviven con los del presente. La obra también toma inspiración de la célebre frase del filósofo Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana: "Quien no conoce su historia está condenado a repetirla." Esta reflexión alentó a la artista a ver la historia como un puente de aprendizaje, donde al "saludar" al pasado se obtiene una puerta hacia un futuro lleno de sabiduría.
Para lograr esta representación, el artista se basó en una serie de términos y elementos visuales que permiten contrastar el pasado y el presente. La investigación incluyó la moda masculina de 2024, explorando las diferencias con los estilos de los años 40 (1940-1949). A través de una cronología visual, el artista buscó representar la transición del tiempo en una imagen que armoniza el pasado y el presente. Este enfoque de contraste temporal permite a la obra mezclar detalles antiguos, como la vestimenta y la arquitectura, con elementos modernos, enfatizando las diferencias y conexiones entre las épocas. Además, se integró la idea de evolución cultural, mostrando cómo la cultura ha cambiado y cómo estos cambios se pueden visualizar en la composición. Para capturar el espíritu de la época, el artista estudió estilos de arte retrospectivos de los años 40 y los fusionó con un estilo moderno de trazo popular en 2024, inspirado en la película animada Spiderverse, para evidenciar lo contemporáneo. Este contraste visual refuerza la temática de un saludo entre generaciones que coexisten en un solo espacio.
Con 7 años de experiencia como diseñadora gráfica, ha trabajado en la creación de identidades visuales y piezas publicitarias para diversas marcas. Su camino artístico comenzó a los 5 años con el arte tradicional, y a los 14 años se adentró en la ilustración digital. Esta combinación de habilidades y años de práctica le permite manejar con fluidez y creatividad tanto técnicas clásicas como herramientas digitales.
Esta es una obra inspirada en la conexión entre el pasado y el presente, tomando como punto de partida el ambiente del centro de la ciudad, especialmente en los alrededores del Museo de la Identidad Nacional (MIN). Al caminar por estas calles, la artista se imaginó cómo sería ese mismo lugar en los años 40: cómo se vestía la gente, qué autos conducían y cómo saludaban. Esta visión nostálgica alimentó la creación de una pieza que invita al espectador a explorar cómo los elementos de una época conviven con los del presente. La obra también toma inspiración de la célebre frase del filósofo Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana: "Quien no conoce su historia está condenado a repetirla." Esta reflexión alentó a la artista a ver la historia como un puente de aprendizaje, donde al "saludar" al pasado se obtiene una puerta hacia un futuro lleno de sabiduría.
Para lograr esta representación, el artista se basó en una serie de términos y elementos visuales que permiten contrastar el pasado y el presente. La investigación incluyó la moda masculina de 2024, explorando las diferencias con los estilos de los años 40 (1940-1949). A través de una cronología visual, el artista buscó representar la transición del tiempo en una imagen que armoniza el pasado y el presente. Este enfoque de contraste temporal permite a la obra mezclar detalles antiguos, como la vestimenta y la arquitectura, con elementos modernos, enfatizando las diferencias y conexiones entre las épocas. Además, se integró la idea de evolución cultural, mostrando cómo la cultura ha cambiado y cómo estos cambios se pueden visualizar en la composición. Para capturar el espíritu de la época, el artista estudió estilos de arte retrospectivos de los años 40 y los fusionó con un estilo moderno de trazo popular en 2024, inspirado en la película animada Spiderverse, para evidenciar lo contemporáneo. Este contraste visual refuerza la temática de un saludo entre generaciones que coexisten en un solo espacio.
Esta es una obra inspirada en la conexión entre el pasado y el presente, tomando como punto de partida el ambiente del centro de la ciudad, especialmente en los alrededores del Museo de la Identidad Nacional (MIN). Al caminar por estas calles, la artista se imaginó cómo sería ese mismo lugar en los años 40: cómo se vestía la gente, qué autos conducían y cómo saludaban. Esta visión nostálgica alimentó la creación de una pieza que invita al espectador a explorar cómo los elementos de una época conviven con los del presente. La obra también toma inspiración de la célebre frase del filósofo Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana: "Quien no conoce su historia está condenado a repetirla." Esta reflexión alentó a la artista a ver la historia como un puente de aprendizaje, donde al "saludar" al pasado se obtiene una puerta hacia un futuro lleno de sabiduría.
Para lograr esta representación, el artista se basó en una serie de términos y elementos visuales que permiten contrastar el pasado y el presente. La investigación incluyó la moda masculina de 2024, explorando las diferencias con los estilos de los años 40 (1940-1949). A través de una cronología visual, el artista buscó representar la transición del tiempo en una imagen que armoniza el pasado y el presente. Este enfoque de contraste temporal permite a la obra mezclar detalles antiguos, como la vestimenta y la arquitectura, con elementos modernos, enfatizando las diferencias y conexiones entre las épocas. Además, se integró la idea de evolución cultural, mostrando cómo la cultura ha cambiado y cómo estos cambios se pueden visualizar en la composición. Para capturar el espíritu de la época, el artista estudió estilos de arte retrospectivos de los años 40 y los fusionó con un estilo moderno de trazo popular en 2024, inspirado en la película animada Spiderverse, para evidenciar lo contemporáneo. Este contraste visual refuerza la temática de un saludo entre generaciones que coexisten en un solo espacio.
Con 7 años de experiencia como diseñadora gráfica, ha trabajado en la creación de identidades visuales y piezas publicitarias para diversas marcas. Su camino artístico comenzó a los 5 años con el arte tradicional, y a los 14 años se adentró en la ilustración digital. Esta combinación de habilidades y años de práctica le permite manejar con fluidez y creatividad tanto técnicas clásicas como herramientas digitales.
Esta es una obra inspirada en la conexión entre el pasado y el presente, tomando como punto de partida el ambiente del centro de la ciudad, especialmente en los alrededores del Museo de la Identidad Nacional (MIN). Al caminar por estas calles, la artista se imaginó cómo sería ese mismo lugar en los años 40: cómo se vestía la gente, qué autos conducían y cómo saludaban. Esta visión nostálgica alimentó la creación de una pieza que invita al espectador a explorar cómo los elementos de una época conviven con los del presente. La obra también toma inspiración de la célebre frase del filósofo Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana: "Quien no conoce su historia está condenado a repetirla." Esta reflexión alentó a la artista a ver la historia como un puente de aprendizaje, donde al "saludar" al pasado se obtiene una puerta hacia un futuro lleno de sabiduría.
Para lograr esta representación, el artista se basó en una serie de términos y elementos visuales que permiten contrastar el pasado y el presente. La investigación incluyó la moda masculina de 2024, explorando las diferencias con los estilos de los años 40 (1940-1949). A través de una cronología visual, el artista buscó representar la transición del tiempo en una imagen que armoniza el pasado y el presente. Este enfoque de contraste temporal permite a la obra mezclar detalles antiguos, como la vestimenta y la arquitectura, con elementos modernos, enfatizando las diferencias y conexiones entre las épocas. Además, se integró la idea de evolución cultural, mostrando cómo la cultura ha cambiado y cómo estos cambios se pueden visualizar en la composición. Para capturar el espíritu de la época, el artista estudió estilos de arte retrospectivos de los años 40 y los fusionó con un estilo moderno de trazo popular en 2024, inspirado en la película animada Spiderverse, para evidenciar lo contemporáneo. Este contraste visual refuerza la temática de un saludo entre generaciones que coexisten en un solo espacio.
Con 7 años de experiencia como diseñadora gráfica, ha trabajado en la creación de identidades visuales y piezas publicitarias para diversas marcas. Su camino artístico comenzó a los 5 años con el arte tradicional, y a los 14 años se adentró en la ilustración digital. Esta combinación de habilidades y años de práctica le permite manejar con fluidez y creatividad tanto técnicas clásicas como herramientas digitales.
Esta es una obra inspirada en la conexión entre el pasado y el presente, tomando como punto de partida el ambiente del centro de la ciudad, especialmente en los alrededores del Museo de la Identidad Nacional (MIN). Al caminar por estas calles, la artista se imaginó cómo sería ese mismo lugar en los años 40: cómo se vestía la gente, qué autos conducían y cómo saludaban. Esta visión nostálgica alimentó la creación de una pieza que invita al espectador a explorar cómo los elementos de una época conviven con los del presente. La obra también toma inspiración de la célebre frase del filósofo Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana: "Quien no conoce su historia está condenado a repetirla." Esta reflexión alentó a la artista a ver la historia como un puente de aprendizaje, donde al "saludar" al pasado se obtiene una puerta hacia un futuro lleno de sabiduría.
Para lograr esta representación, el artista se basó en una serie de términos y elementos visuales que permiten contrastar el pasado y el presente. La investigación incluyó la moda masculina de 2024, explorando las diferencias con los estilos de los años 40 (1940-1949). A través de una cronología visual, el artista buscó representar la transición del tiempo en una imagen que armoniza el pasado y el presente. Este enfoque de contraste temporal permite a la obra mezclar detalles antiguos, como la vestimenta y la arquitectura, con elementos modernos, enfatizando las diferencias y conexiones entre las épocas. Además, se integró la idea de evolución cultural, mostrando cómo la cultura ha cambiado y cómo estos cambios se pueden visualizar en la composición. Para capturar el espíritu de la época, el artista estudió estilos de arte retrospectivos de los años 40 y los fusionó con un estilo moderno de trazo popular en 2024, inspirado en la película animada Spiderverse, para evidenciar lo contemporáneo. Este contraste visual refuerza la temática de un saludo entre generaciones que coexisten en un solo espacio.
Esta es una obra inspirada en la conexión entre el pasado y el presente, tomando como punto de partida el ambiente del centro de la ciudad, especialmente en los alrededores del Museo de la Identidad Nacional (MIN). Al caminar por estas calles, la artista se imaginó cómo sería ese mismo lugar en los años 40: cómo se vestía la gente, qué autos conducían y cómo saludaban. Esta visión nostálgica alimentó la creación de una pieza que invita al espectador a explorar cómo los elementos de una época conviven con los del presente. La obra también toma inspiración de la célebre frase del filósofo Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana: "Quien no conoce su historia está condenado a repetirla." Esta reflexión alentó a la artista a ver la historia como un puente de aprendizaje, donde al "saludar" al pasado se obtiene una puerta hacia un futuro lleno de sabiduría.
Para lograr esta representación, el artista se basó en una serie de términos y elementos visuales que permiten contrastar el pasado y el presente. La investigación incluyó la moda masculina de 2024, explorando las diferencias con los estilos de los años 40 (1940-1949). A través de una cronología visual, el artista buscó representar la transición del tiempo en una imagen que armoniza el pasado y el presente. Este enfoque de contraste temporal permite a la obra mezclar detalles antiguos, como la vestimenta y la arquitectura, con elementos modernos, enfatizando las diferencias y conexiones entre las épocas. Además, se integró la idea de evolución cultural, mostrando cómo la cultura ha cambiado y cómo estos cambios se pueden visualizar en la composición. Para capturar el espíritu de la época, el artista estudió estilos de arte retrospectivos de los años 40 y los fusionó con un estilo moderno de trazo popular en 2024, inspirado en la película animada Spiderverse, para evidenciar lo contemporáneo. Este contraste visual refuerza la temática de un saludo entre generaciones que coexisten en un solo espacio.
Con 7 años de experiencia como diseñadora gráfica, ha trabajado en la creación de identidades visuales y piezas publicitarias para diversas marcas. Su camino artístico comenzó a los 5 años con el arte tradicional, y a los 14 años se adentró en la ilustración digital. Esta combinación de habilidades y años de práctica le permite manejar con fluidez y creatividad tanto técnicas clásicas como herramientas digitales.
La obra “Monumento a la Paz en la época colonial” transporta al espectador a un momento de celebración en tiempos antiguos, evocando la alegría, la música y la conexión con la naturaleza que, en la visión del artista, pudieron caracterizar aquellas épocas. Inspirada en el espíritu de las festividades coloniales, la pieza busca capturar esa esencia positiva y alegre a través de un elemento arquitectónico icónico de Honduras: el Monumento a la Paz, que se alza en el cerro Juana Laínez, símbolo destacado en el horizonte de la capital, Tegucigalpa.
Para crear una atmósfera nostálgica y acogedora, la ilustración emplea tonos cálidos, envolviendo la composición con una sensación de alegría y agrado. Dos figuras danzantes aparecen en cada extremo, formando un abrazo visual que enmarca la fotografía sin restarle protagonismo. Al fondo, una textura sutil de hojas parece flotar, representando el paso del tiempo y los cambios que cada época trae consigo.
Esta obra fusiona técnicas modernas con una visión histórica, invitando a revivir el pasado en un contexto vibrante y lleno de vida.
La obra “Monumento a la Paz en la época colonial” transporta al espectador a un momento de celebración en tiempos antiguos, evocando la alegría, la música y la conexión con la naturaleza que, en la visión del artista, pudieron caracterizar aquellas épocas. Inspirada en el espíritu de las festividades coloniales, la pieza busca capturar esa esencia positiva y alegre a través de un elemento arquitectónico icónico de Honduras: el Monumento a la Paz, que se alza en el cerro Juana Laínez, símbolo destacado en el horizonte de la capital, Tegucigalpa.
Para crear una atmósfera nostálgica y acogedora, la ilustración emplea tonos cálidos, envolviendo la composición con una sensación de alegría y agrado. Dos figuras danzantes aparecen en cada extremo, formando un abrazo visual que enmarca la fotografía sin restarle protagonismo. Al fondo, una textura sutil de hojas parece flotar, representando el paso del tiempo y los cambios que cada época trae consigo.
Esta obra fusiona técnicas modernas con una visión histórica, invitando a revivir el pasado en un contexto vibrante y lleno de vida.
La obra “Monumento a la Paz en la época colonial” transporta al espectador a un momento de celebración en tiempos antiguos, evocando la alegría, la música y la conexión con la naturaleza que, en la visión del artista, pudieron caracterizar aquellas épocas. Inspirada en el espíritu de las festividades coloniales, la pieza busca capturar esa esencia positiva y alegre a través de un elemento arquitectónico icónico de Honduras: el Monumento a la Paz, que se alza en el cerro Juana Laínez, símbolo destacado en el horizonte de la capital, Tegucigalpa.
Para crear una atmósfera nostálgica y acogedora, la ilustración emplea tonos cálidos, envolviendo la composición con una sensación de alegría y agrado. Dos figuras danzantes aparecen en cada extremo, formando un abrazo visual que enmarca la fotografía sin restarle protagonismo. Al fondo, una textura sutil de hojas parece flotar, representando el paso del tiempo y los cambios que cada época trae consigo.
Esta obra fusiona técnicas modernas con una visión histórica, invitando a revivir el pasado en un contexto vibrante y lleno de vida.
La obra “Monumento a la Paz en la época colonial” transporta al espectador a un momento de celebración en tiempos antiguos, evocando la alegría, la música y la conexión con la naturaleza que, en la visión del artista, pudieron caracterizar aquellas épocas. Inspirada en el espíritu de las festividades coloniales, la pieza busca capturar esa esencia positiva y alegre a través de un elemento arquitectónico icónico de Honduras: el Monumento a la Paz, que se alza en el cerro Juana Laínez, símbolo destacado en el horizonte de la capital, Tegucigalpa.
Para crear una atmósfera nostálgica y acogedora, la ilustración emplea tonos cálidos, envolviendo la composición con una sensación de alegría y agrado. Dos figuras danzantes aparecen en cada extremo, formando un abrazo visual que enmarca la fotografía sin restarle protagonismo. Al fondo, una textura sutil de hojas parece flotar, representando el paso del tiempo y los cambios que cada época trae consigo.
Esta obra fusiona técnicas modernas con una visión histórica, invitando a revivir el pasado en un contexto vibrante y lleno de vida.
La obra “Monumento a la Paz en la época colonial” transporta al espectador a un momento de celebración en tiempos antiguos, evocando la alegría, la música y la conexión con la naturaleza que, en la visión del artista, pudieron caracterizar aquellas épocas. Inspirada en el espíritu de las festividades coloniales, la pieza busca capturar esa esencia positiva y alegre a través de un elemento arquitectónico icónico de Honduras: el Monumento a la Paz, que se alza en el cerro Juana Laínez, símbolo destacado en el horizonte de la capital, Tegucigalpa.
Para crear una atmósfera nostálgica y acogedora, la ilustración emplea tonos cálidos, envolviendo la composición con una sensación de alegría y agrado. Dos figuras danzantes aparecen en cada extremo, formando un abrazo visual que enmarca la fotografía sin restarle protagonismo. Al fondo, una textura sutil de hojas parece flotar, representando el paso del tiempo y los cambios que cada época trae consigo.
Esta obra fusiona técnicas modernas con una visión histórica, invitando a revivir el pasado en un contexto vibrante y lleno de vida.
La obra “Monumento a la Paz en la época colonial” transporta al espectador a un momento de celebración en tiempos antiguos, evocando la alegría, la música y la conexión con la naturaleza que, en la visión del artista, pudieron caracterizar aquellas épocas. Inspirada en el espíritu de las festividades coloniales, la pieza busca capturar esa esencia positiva y alegre a través de un elemento arquitectónico icónico de Honduras: el Monumento a la Paz, que se alza en el cerro Juana Laínez, símbolo destacado en el horizonte de la capital, Tegucigalpa.
Para crear una atmósfera nostálgica y acogedora, la ilustración emplea tonos cálidos, envolviendo la composición con una sensación de alegría y agrado. Dos figuras danzantes aparecen en cada extremo, formando un abrazo visual que enmarca la fotografía sin restarle protagonismo. Al fondo, una textura sutil de hojas parece flotar, representando el paso del tiempo y los cambios que cada época trae consigo.
Esta obra fusiona técnicas modernas con una visión histórica, invitando a revivir el pasado en un contexto vibrante y lleno de vida.
La pieza Defensa rinde homenaje a un episodio histórico clave para la soberanía de la costa caribeña hondureña: el asedio liderado por el pirata estadounidense William Walker en 1860. Acompañado de mercenarios, Walker intentó tomar la fortaleza de Omoa con el objetivo de apoderarse de territorios en Centroamérica. Sin embargo, la resistencia en la fortaleza fue implacable y exitosa, logrando proteger las costas de esta amenaza extranjera. Inspirada en este evento, la obra captura la esencia de esa defensa que mantuvo a salvo no solo a la fortaleza, sino también a una parte fundamental de la historia del país.
La fortaleza de Omoa fue una pieza estratégica en la defensa de las costas caribeñas, resistiendo los repetidos intentos de invasión de piratas decididos a capturar la costa de Omoa. Este papel de bastión resistente es el núcleo de Defensa, una obra que recuerda la valentía de aquellos que protegieron el territorio hondureño frente a fuerzas extranjeras.
Para dar vida a esta escena histórica, el artista utilizó pinceles digitales de textura variada: crayón, carbón y acuarela. Estas herramientas aportan profundidad y realismo al oleaje, al humo de los cañones y al cielo, elementos que simbolizan la ferocidad del asedio y el firme poder de la fortaleza.
Desde pequeña, ha sentido una gran inclinación por el dibujo, que comenzó como un pasatiempo. El arte ha sido una de sus grandes pasiones, especialmente los dragones y las mitologías, temas que llenaban sus cuadernos de dibujos. Su madre, que trabajaba en una gasolinera, solía traerle revistas, y a través de ellas descubrió a sus primeros referentes artísticos, como Picasso y Diego Velázquez con su obra Las Meninas.
A lo largo de los años, nunca dejó de dibujar, participando en concursos de dibujo. Aunque no siempre ganaba, disfrutaba mucho de la experiencia. Un momento decisivo en su amor por el arte fue cuando adquirió su primera tableta gráfica. La posibilidad de acceder a una variedad infinita de pinceles y texturas la emocionó, y comenzó a dedicar de cuatro a cinco horas diarias a dibujar, lo que la ayudó a mejorar considerablemente. Actualmente, realiza cuadros por encargo y disfruta de dibujar con crayones, ya que siempre ha apreciado la textura que dejan. Además, le gusta crear sus propios libros de bocetos, donde deja volar su imaginación y plasma sus ideas.
La pieza Defensa rinde homenaje a un episodio histórico clave para la soberanía de la costa caribeña hondureña: el asedio liderado por el pirata estadounidense William Walker en 1860. Acompañado de mercenarios, Walker intentó tomar la fortaleza de Omoa con el objetivo de apoderarse de territorios en Centroamérica. Sin embargo, la resistencia en la fortaleza fue implacable y exitosa, logrando proteger las costas de esta amenaza extranjera. Inspirada en este evento, la obra captura la esencia de esa defensa que mantuvo a salvo no solo a la fortaleza, sino también a una parte fundamental de la historia del país.
La fortaleza de Omoa fue una pieza estratégica en la defensa de las costas caribeñas, resistiendo los repetidos intentos de invasión de piratas decididos a capturar la costa de Omoa. Este papel de bastión resistente es el núcleo de Defensa, una obra que recuerda la valentía de aquellos que protegieron el territorio hondureño frente a fuerzas extranjeras.
Para dar vida a esta escena histórica, el artista utilizó pinceles digitales de textura variada: crayón, carbón y acuarela. Estas herramientas aportan profundidad y realismo al oleaje, al humo de los cañones y al cielo, elementos que simbolizan la ferocidad del asedio y el firme poder de la fortaleza.
La pieza Defensa rinde homenaje a un episodio histórico clave para la soberanía de la costa caribeña hondureña: el asedio liderado por el pirata estadounidense William Walker en 1860. Acompañado de mercenarios, Walker intentó tomar la fortaleza de Omoa con el objetivo de apoderarse de territorios en Centroamérica. Sin embargo, la resistencia en la fortaleza fue implacable y exitosa, logrando proteger las costas de esta amenaza extranjera. Inspirada en este evento, la obra captura la esencia de esa defensa que mantuvo a salvo no solo a la fortaleza, sino también a una parte fundamental de la historia del país.
La fortaleza de Omoa fue una pieza estratégica en la defensa de las costas caribeñas, resistiendo los repetidos intentos de invasión de piratas decididos a capturar la costa de Omoa. Este papel de bastión resistente es el núcleo de Defensa, una obra que recuerda la valentía de aquellos que protegieron el territorio hondureño frente a fuerzas extranjeras.
Para dar vida a esta escena histórica, el artista utilizó pinceles digitales de textura variada: crayón, carbón y acuarela. Estas herramientas aportan profundidad y realismo al oleaje, al humo de los cañones y al cielo, elementos que simbolizan la ferocidad del asedio y el firme poder de la fortaleza.
Desde pequeña, ha sentido una gran inclinación por el dibujo, que comenzó como un pasatiempo. El arte ha sido una de sus grandes pasiones, especialmente los dragones y las mitologías, temas que llenaban sus cuadernos de dibujos. Su madre, que trabajaba en una gasolinera, solía traerle revistas, y a través de ellas descubrió a sus primeros referentes artísticos, como Picasso y Diego Velázquez con su obra Las Meninas.
A lo largo de los años, nunca dejó de dibujar, participando en concursos de dibujo. Aunque no siempre ganaba, disfrutaba mucho de la experiencia. Un momento decisivo en su amor por el arte fue cuando adquirió su primera tableta gráfica. La posibilidad de acceder a una variedad infinita de pinceles y texturas la emocionó, y comenzó a dedicar de cuatro a cinco horas diarias a dibujar, lo que la ayudó a mejorar considerablemente. Actualmente, realiza cuadros por encargo y disfruta de dibujar con crayones, ya que siempre ha apreciado la textura que dejan. Además, le gusta crear sus propios libros de bocetos, donde deja volar su imaginación y plasma sus ideas.
La pieza Defensa rinde homenaje a un episodio histórico clave para la soberanía de la costa caribeña hondureña: el asedio liderado por el pirata estadounidense William Walker en 1860. Acompañado de mercenarios, Walker intentó tomar la fortaleza de Omoa con el objetivo de apoderarse de territorios en Centroamérica. Sin embargo, la resistencia en la fortaleza fue implacable y exitosa, logrando proteger las costas de esta amenaza extranjera. Inspirada en este evento, la obra captura la esencia de esa defensa que mantuvo a salvo no solo a la fortaleza, sino también a una parte fundamental de la historia del país.
La fortaleza de Omoa fue una pieza estratégica en la defensa de las costas caribeñas, resistiendo los repetidos intentos de invasión de piratas decididos a capturar la costa de Omoa. Este papel de bastión resistente es el núcleo de Defensa, una obra que recuerda la valentía de aquellos que protegieron el territorio hondureño frente a fuerzas extranjeras.
Para dar vida a esta escena histórica, el artista utilizó pinceles digitales de textura variada: crayón, carbón y acuarela. Estas herramientas aportan profundidad y realismo al oleaje, al humo de los cañones y al cielo, elementos que simbolizan la ferocidad del asedio y el firme poder de la fortaleza.
Desde pequeña, ha sentido una gran inclinación por el dibujo, que comenzó como un pasatiempo. El arte ha sido una de sus grandes pasiones, especialmente los dragones y las mitologías, temas que llenaban sus cuadernos de dibujos. Su madre, que trabajaba en una gasolinera, solía traerle revistas, y a través de ellas descubrió a sus primeros referentes artísticos, como Picasso y Diego Velázquez con su obra Las Meninas.
A lo largo de los años, nunca dejó de dibujar, participando en concursos de dibujo. Aunque no siempre ganaba, disfrutaba mucho de la experiencia. Un momento decisivo en su amor por el arte fue cuando adquirió su primera tableta gráfica. La posibilidad de acceder a una variedad infinita de pinceles y texturas la emocionó, y comenzó a dedicar de cuatro a cinco horas diarias a dibujar, lo que la ayudó a mejorar considerablemente. Actualmente, realiza cuadros por encargo y disfruta de dibujar con crayones, ya que siempre ha apreciado la textura que dejan. Además, le gusta crear sus propios libros de bocetos, donde deja volar su imaginación y plasma sus ideas.
La pieza Defensa rinde homenaje a un episodio histórico clave para la soberanía de la costa caribeña hondureña: el asedio liderado por el pirata estadounidense William Walker en 1860. Acompañado de mercenarios, Walker intentó tomar la fortaleza de Omoa con el objetivo de apoderarse de territorios en Centroamérica. Sin embargo, la resistencia en la fortaleza fue implacable y exitosa, logrando proteger las costas de esta amenaza extranjera. Inspirada en este evento, la obra captura la esencia de esa defensa que mantuvo a salvo no solo a la fortaleza, sino también a una parte fundamental de la historia del país.
La fortaleza de Omoa fue una pieza estratégica en la defensa de las costas caribeñas, resistiendo los repetidos intentos de invasión de piratas decididos a capturar la costa de Omoa. Este papel de bastión resistente es el núcleo de Defensa, una obra que recuerda la valentía de aquellos que protegieron el territorio hondureño frente a fuerzas extranjeras.
Para dar vida a esta escena histórica, el artista utilizó pinceles digitales de textura variada: crayón, carbón y acuarela. Estas herramientas aportan profundidad y realismo al oleaje, al humo de los cañones y al cielo, elementos que simbolizan la ferocidad del asedio y el firme poder de la fortaleza.
La pieza Defensa rinde homenaje a un episodio histórico clave para la soberanía de la costa caribeña hondureña: el asedio liderado por el pirata estadounidense William Walker en 1860. Acompañado de mercenarios, Walker intentó tomar la fortaleza de Omoa con el objetivo de apoderarse de territorios en Centroamérica. Sin embargo, la resistencia en la fortaleza fue implacable y exitosa, logrando proteger las costas de esta amenaza extranjera. Inspirada en este evento, la obra captura la esencia de esa defensa que mantuvo a salvo no solo a la fortaleza, sino también a una parte fundamental de la historia del país.
La fortaleza de Omoa fue una pieza estratégica en la defensa de las costas caribeñas, resistiendo los repetidos intentos de invasión de piratas decididos a capturar la costa de Omoa. Este papel de bastión resistente es el núcleo de Defensa, una obra que recuerda la valentía de aquellos que protegieron el territorio hondureño frente a fuerzas extranjeras.
Para dar vida a esta escena histórica, el artista utilizó pinceles digitales de textura variada: crayón, carbón y acuarela. Estas herramientas aportan profundidad y realismo al oleaje, al humo de los cañones y al cielo, elementos que simbolizan la ferocidad del asedio y el firme poder de la fortaleza.
Desde pequeña, ha sentido una gran inclinación por el dibujo, que comenzó como un pasatiempo. El arte ha sido una de sus grandes pasiones, especialmente los dragones y las mitologías, temas que llenaban sus cuadernos de dibujos. Su madre, que trabajaba en una gasolinera, solía traerle revistas, y a través de ellas descubrió a sus primeros referentes artísticos, como Picasso y Diego Velázquez con su obra Las Meninas.
A lo largo de los años, nunca dejó de dibujar, participando en concursos de dibujo. Aunque no siempre ganaba, disfrutaba mucho de la experiencia. Un momento decisivo en su amor por el arte fue cuando adquirió su primera tableta gráfica. La posibilidad de acceder a una variedad infinita de pinceles y texturas la emocionó, y comenzó a dedicar de cuatro a cinco horas diarias a dibujar, lo que la ayudó a mejorar considerablemente. Actualmente, realiza cuadros por encargo y disfruta de dibujar con crayones, ya que siempre ha apreciado la textura que dejan. Además, le gusta crear sus propios libros de bocetos, donde deja volar su imaginación y plasma sus ideas.
Esta pieza captura la grandeza de la cultura maya y la fascinación que sigue inspirando en quienes visitan las Ruinas de Copán. La inspiración del artista proviene tanto de su amor por la herencia maya de su tierra como del entusiasmo de los turistas que recorren los museos y ruinas, maravillados ante la historia que estos vestigios representan.
Para la creación de esta obra, el artista utilizó como fuente de investigación los términos clave como: Templo Rosalila, Luna Jaguar, K'inich Yax K'uk' Mo, la arquitectura maya, y la dinastía que floreció en el periodo clásico de la civilización. Estas referencias no solo anclan la obra en una sólida base histórica, sino que permiten una recreación visual que respeta y enaltece las representaciones del pasado, incluidos los diseños arquitectónicos y las vestimentas rituales que han marcado los siglos. El estilo de la pieza se inspira en el año 571 d.C., cuando el gobernante Luna Jaguar, figura que se destaca en la ilustración, construyó el templo en honor a Yax K'uk' Mo, el primer gran líder de Copán.
En la obra, el Templo de Rosalila es el protagonista, resaltado a través de una intervención visual que corta la imagen por la mitad, representando así el paso del tiempo y la permanencia de esta estructura icónica. La dualidad de la imagen simboliza que, sin importar cuántos años pasen, el templo sigue siendo el mismo, generando admiración en cada persona que lo observa, ya sea el antiguo constructor maya, un visitante actual o un hondureño orgulloso de su historia.
Desde pequeño, ha sentido una gran inclinación por el dibujo, que comenzó como un pasatiempo. Al ingresar a la universidad como estudiante de Diseño Gráfico, comenzó a enriquecer sus conocimientos y a poner en práctica lo aprendido.
Esta pieza captura la grandeza de la cultura maya y la fascinación que sigue inspirando en quienes visitan las Ruinas de Copán. La inspiración del artista proviene tanto de su amor por la herencia maya de su tierra como del entusiasmo de los turistas que recorren los museos y ruinas, maravillados ante la historia que estos vestigios representan.
Para la creación de esta obra, el artista utilizó como fuente de investigación los términos clave como: Templo Rosalila, Luna Jaguar, K'inich Yax K'uk' Mo, la arquitectura maya, y la dinastía que floreció en el periodo clásico de la civilización. Estas referencias no solo anclan la obra en una sólida base histórica, sino que permiten una recreación visual que respeta y enaltece las representaciones del pasado, incluidos los diseños arquitectónicos y las vestimentas rituales que han marcado los siglos. El estilo de la pieza se inspira en el año 571 d.C., cuando el gobernante Luna Jaguar, figura que se destaca en la ilustración, construyó el templo en honor a Yax K'uk' Mo, el primer gran líder de Copán.
En la obra, el Templo de Rosalila es el protagonista, resaltado a través de una intervención visual que corta la imagen por la mitad, representando así el paso del tiempo y la permanencia de esta estructura icónica. La dualidad de la imagen simboliza que, sin importar cuántos años pasen, el templo sigue siendo el mismo, generando admiración en cada persona que lo observa, ya sea el antiguo constructor maya, un visitante actual o un hondureño orgulloso de su historia.
Esta pieza captura la grandeza de la cultura maya y la fascinación que sigue inspirando en quienes visitan las Ruinas de Copán. La inspiración del artista proviene tanto de su amor por la herencia maya de su tierra como del entusiasmo de los turistas que recorren los museos y ruinas, maravillados ante la historia que estos vestigios representan.
Para la creación de esta obra, el artista utilizó como fuente de investigación los términos clave como: Templo Rosalila, Luna Jaguar, K'inich Yax K'uk' Mo, la arquitectura maya, y la dinastía que floreció en el periodo clásico de la civilización. Estas referencias no solo anclan la obra en una sólida base histórica, sino que permiten una recreación visual que respeta y enaltece las representaciones del pasado, incluidos los diseños arquitectónicos y las vestimentas rituales que han marcado los siglos. El estilo de la pieza se inspira en el año 571 d.C., cuando el gobernante Luna Jaguar, figura que se destaca en la ilustración, construyó el templo en honor a Yax K'uk' Mo, el primer gran líder de Copán.
En la obra, el Templo de Rosalila es el protagonista, resaltado a través de una intervención visual que corta la imagen por la mitad, representando así el paso del tiempo y la permanencia de esta estructura icónica. La dualidad de la imagen simboliza que, sin importar cuántos años pasen, el templo sigue siendo el mismo, generando admiración en cada persona que lo observa, ya sea el antiguo constructor maya, un visitante actual o un hondureño orgulloso de su historia.
Desde pequeño, ha sentido una gran inclinación por el dibujo, que comenzó como un pasatiempo. Al ingresar a la universidad como estudiante de Diseño Gráfico, comenzó a enriquecer sus conocimientos y a poner en práctica lo aprendido.
Esta pieza captura la grandeza de la cultura maya y la fascinación que sigue inspirando en quienes visitan las Ruinas de Copán. La inspiración del artista proviene tanto de su amor por la herencia maya de su tierra como del entusiasmo de los turistas que recorren los museos y ruinas, maravillados ante la historia que estos vestigios representan.
Para la creación de esta obra, el artista utilizó como fuente de investigación los términos clave como: Templo Rosalila, Luna Jaguar, K'inich Yax K'uk' Mo, la arquitectura maya, y la dinastía que floreció en el periodo clásico de la civilización. Estas referencias no solo anclan la obra en una sólida base histórica, sino que permiten una recreación visual que respeta y enaltece las representaciones del pasado, incluidos los diseños arquitectónicos y las vestimentas rituales que han marcado los siglos. El estilo de la pieza se inspira en el año 571 d.C., cuando el gobernante Luna Jaguar, figura que se destaca en la ilustración, construyó el templo en honor a Yax K'uk' Mo, el primer gran líder de Copán.
En la obra, el Templo de Rosalila es el protagonista, resaltado a través de una intervención visual que corta la imagen por la mitad, representando así el paso del tiempo y la permanencia de esta estructura icónica. La dualidad de la imagen simboliza que, sin importar cuántos años pasen, el templo sigue siendo el mismo, generando admiración en cada persona que lo observa, ya sea el antiguo constructor maya, un visitante actual o un hondureño orgulloso de su historia.
Desde pequeño, ha sentido una gran inclinación por el dibujo, que comenzó como un pasatiempo. Al ingresar a la universidad como estudiante de Diseño Gráfico, comenzó a enriquecer sus conocimientos y a poner en práctica lo aprendido.
Esta pieza captura la grandeza de la cultura maya y la fascinación que sigue inspirando en quienes visitan las Ruinas de Copán. La inspiración del artista proviene tanto de su amor por la herencia maya de su tierra como del entusiasmo de los turistas que recorren los museos y ruinas, maravillados ante la historia que estos vestigios representan.
Para la creación de esta obra, el artista utilizó como fuente de investigación los términos clave como: Templo Rosalila, Luna Jaguar, K'inich Yax K'uk' Mo, la arquitectura maya, y la dinastía que floreció en el periodo clásico de la civilización. Estas referencias no solo anclan la obra en una sólida base histórica, sino que permiten una recreación visual que respeta y enaltece las representaciones del pasado, incluidos los diseños arquitectónicos y las vestimentas rituales que han marcado los siglos. El estilo de la pieza se inspira en el año 571 d.C., cuando el gobernante Luna Jaguar, figura que se destaca en la ilustración, construyó el templo en honor a Yax K'uk' Mo, el primer gran líder de Copán.
En la obra, el Templo de Rosalila es el protagonista, resaltado a través de una intervención visual que corta la imagen por la mitad, representando así el paso del tiempo y la permanencia de esta estructura icónica. La dualidad de la imagen simboliza que, sin importar cuántos años pasen, el templo sigue siendo el mismo, generando admiración en cada persona que lo observa, ya sea el antiguo constructor maya, un visitante actual o un hondureño orgulloso de su historia.
Esta pieza captura la grandeza de la cultura maya y la fascinación que sigue inspirando en quienes visitan las Ruinas de Copán. La inspiración del artista proviene tanto de su amor por la herencia maya de su tierra como del entusiasmo de los turistas que recorren los museos y ruinas, maravillados ante la historia que estos vestigios representan.
Para la creación de esta obra, el artista utilizó como fuente de investigación los términos clave como: Templo Rosalila, Luna Jaguar, K'inich Yax K'uk' Mo, la arquitectura maya, y la dinastía que floreció en el periodo clásico de la civilización. Estas referencias no solo anclan la obra en una sólida base histórica, sino que permiten una recreación visual que respeta y enaltece las representaciones del pasado, incluidos los diseños arquitectónicos y las vestimentas rituales que han marcado los siglos. El estilo de la pieza se inspira en el año 571 d.C., cuando el gobernante Luna Jaguar, figura que se destaca en la ilustración, construyó el templo en honor a Yax K'uk' Mo, el primer gran líder de Copán.
En la obra, el Templo de Rosalila es el protagonista, resaltado a través de una intervención visual que corta la imagen por la mitad, representando así el paso del tiempo y la permanencia de esta estructura icónica. La dualidad de la imagen simboliza que, sin importar cuántos años pasen, el templo sigue siendo el mismo, generando admiración en cada persona que lo observa, ya sea el antiguo constructor maya, un visitante actual o un hondureño orgulloso de su historia.
Desde pequeño, ha sentido una gran inclinación por el dibujo, que comenzó como un pasatiempo. Al ingresar a la universidad como estudiante de Diseño Gráfico, comenzó a enriquecer sus conocimientos y a poner en práctica lo aprendido.
La pieza captura la esencia de un momento inolvidable, inspirado en la primera vez que el artista visitó un cine. Aunque la fotografía no pertenece a la época de 1988, la elección de este año responde al diseño nostálgico y encantador que caracterizaba a los cines de ese entonces, sumergiendo al espectador en una atmósfera antigua que evoca un tiempo en el que el cine era una experiencia única. A través de los detalles en la ilustración, el artista transporta a su audiencia a ese periodo y refleja la emoción y el misterio que rodean la anticipación de un "gran evento", ese momento especial que se vive cuando las luces se apagan y el telón se levanta en una sala de cine.
Con cada trazo, el artista juega con la nostalgia de un diseño arquitectónico que ya no existe, pero que sigue vivo en los recuerdos y en los corazones de quienes alguna vez disfrutaron de esas veladas cinematográficas. La obra no solo celebra la emoción del cine, sino también el poder de recordar y de revivir experiencias que nos marcan profundamente, incluso cuando el tiempo y los lugares cambian.
Diseñador gráfico con más de 5 años de experiencia en arte y publicidad, apasionado por la ilustración, el 3D y la animación. A lo largo de su carrera, ha logrado transformar pasatiempos como la ilustración y el diseño 3D en parte de su trabajo profesional, llevando sus conocimientos al ámbito digital. Esto le ha permitido colaborar con marcas nacionales importantes y ampliar sus habilidades en nuevas formas de comunicación gráfica.
La pieza captura la esencia de un momento inolvidable, inspirado en la primera vez que el artista visitó un cine. Aunque la fotografía no pertenece a la época de 1988, la elección de este año responde al diseño nostálgico y encantador que caracterizaba a los cines de ese entonces, sumergiendo al espectador en una atmósfera antigua que evoca un tiempo en el que el cine era una experiencia única. A través de los detalles en la ilustración, el artista transporta a su audiencia a ese periodo y refleja la emoción y el misterio que rodean la anticipación de un "gran evento", ese momento especial que se vive cuando las luces se apagan y el telón se levanta en una sala de cine.
Con cada trazo, el artista juega con la nostalgia de un diseño arquitectónico que ya no existe, pero que sigue vivo en los recuerdos y en los corazones de quienes alguna vez disfrutaron de esas veladas cinematográficas. La obra no solo celebra la emoción del cine, sino también el poder de recordar y de revivir experiencias que nos marcan profundamente, incluso cuando el tiempo y los lugares cambian.
La pieza captura la esencia de un momento inolvidable, inspirado en la primera vez que el artista visitó un cine. Aunque la fotografía no pertenece a la época de 1988, la elección de este año responde al diseño nostálgico y encantador que caracterizaba a los cines de ese entonces, sumergiendo al espectador en una atmósfera antigua que evoca un tiempo en el que el cine era una experiencia única. A través de los detalles en la ilustración, el artista transporta a su audiencia a ese periodo y refleja la emoción y el misterio que rodean la anticipación de un "gran evento", ese momento especial que se vive cuando las luces se apagan y el telón se levanta en una sala de cine.
Con cada trazo, el artista juega con la nostalgia de un diseño arquitectónico que ya no existe, pero que sigue vivo en los recuerdos y en los corazones de quienes alguna vez disfrutaron de esas veladas cinematográficas. La obra no solo celebra la emoción del cine, sino también el poder de recordar y de revivir experiencias que nos marcan profundamente, incluso cuando el tiempo y los lugares cambian.
Diseñador gráfico con más de 5 años de experiencia en arte y publicidad, apasionado por la ilustración, el 3D y la animación. A lo largo de su carrera, ha logrado transformar pasatiempos como la ilustración y el diseño 3D en parte de su trabajo profesional, llevando sus conocimientos al ámbito digital. Esto le ha permitido colaborar con marcas nacionales importantes y ampliar sus habilidades en nuevas formas de comunicación gráfica.
La pieza captura la esencia de un momento inolvidable, inspirado en la primera vez que el artista visitó un cine. Aunque la fotografía no pertenece a la época de 1988, la elección de este año responde al diseño nostálgico y encantador que caracterizaba a los cines de ese entonces, sumergiendo al espectador en una atmósfera antigua que evoca un tiempo en el que el cine era una experiencia única. A través de los detalles en la ilustración, el artista transporta a su audiencia a ese periodo y refleja la emoción y el misterio que rodean la anticipación de un "gran evento", ese momento especial que se vive cuando las luces se apagan y el telón se levanta en una sala de cine.
Con cada trazo, el artista juega con la nostalgia de un diseño arquitectónico que ya no existe, pero que sigue vivo en los recuerdos y en los corazones de quienes alguna vez disfrutaron de esas veladas cinematográficas. La obra no solo celebra la emoción del cine, sino también el poder de recordar y de revivir experiencias que nos marcan profundamente, incluso cuando el tiempo y los lugares cambian.
Diseñador gráfico con más de 5 años de experiencia en arte y publicidad, apasionado por la ilustración, el 3D y la animación. A lo largo de su carrera, ha logrado transformar pasatiempos como la ilustración y el diseño 3D en parte de su trabajo profesional, llevando sus conocimientos al ámbito digital. Esto le ha permitido colaborar con marcas nacionales importantes y ampliar sus habilidades en nuevas formas de comunicación gráfica.
La pieza captura la esencia de un momento inolvidable, inspirado en la primera vez que el artista visitó un cine. Aunque la fotografía no pertenece a la época de 1988, la elección de este año responde al diseño nostálgico y encantador que caracterizaba a los cines de ese entonces, sumergiendo al espectador en una atmósfera antigua que evoca un tiempo en el que el cine era una experiencia única. A través de los detalles en la ilustración, el artista transporta a su audiencia a ese periodo y refleja la emoción y el misterio que rodean la anticipación de un "gran evento", ese momento especial que se vive cuando las luces se apagan y el telón se levanta en una sala de cine.
Con cada trazo, el artista juega con la nostalgia de un diseño arquitectónico que ya no existe, pero que sigue vivo en los recuerdos y en los corazones de quienes alguna vez disfrutaron de esas veladas cinematográficas. La obra no solo celebra la emoción del cine, sino también el poder de recordar y de revivir experiencias que nos marcan profundamente, incluso cuando el tiempo y los lugares cambian.
La pieza captura la esencia de un momento inolvidable, inspirado en la primera vez que el artista visitó un cine. Aunque la fotografía no pertenece a la época de 1988, la elección de este año responde al diseño nostálgico y encantador que caracterizaba a los cines de ese entonces, sumergiendo al espectador en una atmósfera antigua que evoca un tiempo en el que el cine era una experiencia única. A través de los detalles en la ilustración, el artista transporta a su audiencia a ese periodo y refleja la emoción y el misterio que rodean la anticipación de un "gran evento", ese momento especial que se vive cuando las luces se apagan y el telón se levanta en una sala de cine.
Con cada trazo, el artista juega con la nostalgia de un diseño arquitectónico que ya no existe, pero que sigue vivo en los recuerdos y en los corazones de quienes alguna vez disfrutaron de esas veladas cinematográficas. La obra no solo celebra la emoción del cine, sino también el poder de recordar y de revivir experiencias que nos marcan profundamente, incluso cuando el tiempo y los lugares cambian.
Diseñador gráfico con más de 5 años de experiencia en arte y publicidad, apasionado por la ilustración, el 3D y la animación. A lo largo de su carrera, ha logrado transformar pasatiempos como la ilustración y el diseño 3D en parte de su trabajo profesional, llevando sus conocimientos al ámbito digital. Esto le ha permitido colaborar con marcas nacionales importantes y ampliar sus habilidades en nuevas formas de comunicación gráfica.
Doña Lidia, una mujer admirable, aparece en la fotografía secando maíz en la mesa, una imagen que cuenta la historia de su trabajo y del origen de ese maíz, que da lugar a un platillo típico. La simplicidad de la escena capturada permite reflejar la belleza de las tradiciones familiares, mientras que el diseño de la obra toma la forma de una estampilla gigante, un guiño a la antigüedad y a las estampillas y tarjetas postales de tiempos pasados. Los maizales negros representados en la ilustración simbolizan las cosechas de este alimento y el origen del platillo tradicional.
La pieza representa a Doña Lidia, simbolizando la cultura y la herencia que se transmite de generación en generación, un legado que se preserva a través de los años gracias a los padres y abuelos. El platillo de tortillas de maíz negro y una taza de café, característicos de Lempira e Intibucá, es un reflejo de las tradiciones culinarias hondureñas. Las tortillas, que se preparan para toda la semana o incluso quince días, se tuestan en las brasas cada vez que se consumen, representando una conexión profunda con las raíces culturales de la región. Para enriquecer la obra, se consultaron relatos de familiares, amigos y publicaciones sobre el platillo y su origen.
Aunque la obra no está inspirada en una fecha específica, se presenta como un homenaje a un pasado viviente, una tradición que ha perdurado a lo largo de los años. El diseño de la pieza, basado en una estampilla postal, evoca la nostalgia de épocas pasadas. Es proveniente de las primeras etapas del desarrollo cultural en América, a finales del Paleoindio y Principios del periodo Arcaico, pero el diseño de la pieza está basado en una estampilla o sello postal, siendo el primero emitido en enero de 1896.
Linda Cristina Colindres Orellana, 17 años, inició su camino en la ilustración digital en 2019. Su primer contacto con el dibujo digital fue a través de una tableta y aplicaciones como Ibis Paint, Medibang y Flip a Clip, a pesar de las limitaciones tecnológicas como la falta de espacio y el uso de los dedos en lugar de un lápiz táctil. Al notar su creciente pasión por el arte digital, su familia la apoyó adquiriendo una laptop y un lápiz táctil, lo que le permitió dar un paso más profesional en su práctica artística.
Siendo autodidacta, su formación formal se limitó a un año en una escuela de arte, donde su mentor le sugirió participar en proyectos como el concurso “El auto de tus sueños”, donde obtuvo el segundo lugar a nivel nacional. Además, ganó el primer lugar en el “V Salón Nacional de Arte Infantil” con su obra “Un último aliento”, realizada en acrílico y patrocinada por el Centro Cultural Sampedrano.
Aunque actualmente se enfoca en estudiar Mercadotecnia y Negocios Internacionales, áreas que se alejan de su pasión por el arte, Linda continúa practicando ilustración en su tiempo libre, con el objetivo de mejorar sus habilidades y, algún día, poder promocionar su trabajo artístico de manera profesional.
Doña Lidia, una mujer admirable, aparece en la fotografía secando maíz en la mesa, una imagen que cuenta la historia de su trabajo y del origen de ese maíz, que da lugar a un platillo típico. La simplicidad de la escena capturada permite reflejar la belleza de las tradiciones familiares, mientras que el diseño de la obra toma la forma de una estampilla gigante, un guiño a la antigüedad y a las estampillas y tarjetas postales de tiempos pasados. Los maizales negros representados en la ilustración simbolizan las cosechas de este alimento y el origen del platillo tradicional.
La pieza representa a Doña Lidia, simbolizando la cultura y la herencia que se transmite de generación en generación, un legado que se preserva a través de los años gracias a los padres y abuelos. El platillo de tortillas de maíz negro y una taza de café, característicos de Lempira e Intibucá, es un reflejo de las tradiciones culinarias hondureñas. Las tortillas, que se preparan para toda la semana o incluso quince días, se tuestan en las brasas cada vez que se consumen, representando una conexión profunda con las raíces culturales de la región. Para enriquecer la obra, se consultaron relatos de familiares, amigos y publicaciones sobre el platillo y su origen.
Aunque la obra no está inspirada en una fecha específica, se presenta como un homenaje a un pasado viviente, una tradición que ha perdurado a lo largo de los años. El diseño de la pieza, basado en una estampilla postal, evoca la nostalgia de épocas pasadas. Es proveniente de las primeras etapas del desarrollo cultural en América, a finales del Paleoindio y Principios del periodo Arcaico, pero el diseño de la pieza está basado en una estampilla o sello postal, siendo el primero emitido en enero de 1896.
Doña Lidia, una mujer admirable, aparece en la fotografía secando maíz en la mesa, una imagen que cuenta la historia de su trabajo y del origen de ese maíz, que da lugar a un platillo típico. La simplicidad de la escena capturada permite reflejar la belleza de las tradiciones familiares, mientras que el diseño de la obra toma la forma de una estampilla gigante, un guiño a la antigüedad y a las estampillas y tarjetas postales de tiempos pasados. Los maizales negros representados en la ilustración simbolizan las cosechas de este alimento y el origen del platillo tradicional.
La pieza representa a Doña Lidia, simbolizando la cultura y la herencia que se transmite de generación en generación, un legado que se preserva a través de los años gracias a los padres y abuelos. El platillo de tortillas de maíz negro y una taza de café, característicos de Lempira e Intibucá, es un reflejo de las tradiciones culinarias hondureñas. Las tortillas, que se preparan para toda la semana o incluso quince días, se tuestan en las brasas cada vez que se consumen, representando una conexión profunda con las raíces culturales de la región. Para enriquecer la obra, se consultaron relatos de familiares, amigos y publicaciones sobre el platillo y su origen.
Aunque la obra no está inspirada en una fecha específica, se presenta como un homenaje a un pasado viviente, una tradición que ha perdurado a lo largo de los años. El diseño de la pieza, basado en una estampilla postal, evoca la nostalgia de épocas pasadas. Es proveniente de las primeras etapas del desarrollo cultural en América, a finales del Paleoindio y Principios del periodo Arcaico, pero el diseño de la pieza está basado en una estampilla o sello postal, siendo el primero emitido en enero de 1896.
Linda Cristina Colindres Orellana, 17 años, inició su camino en la ilustración digital en 2019. Su primer contacto con el dibujo digital fue a través de una tableta y aplicaciones como Ibis Paint, Medibang y Flip a Clip, a pesar de las limitaciones tecnológicas como la falta de espacio y el uso de los dedos en lugar de un lápiz táctil. Al notar su creciente pasión por el arte digital, su familia la apoyó adquiriendo una laptop y un lápiz táctil, lo que le permitió dar un paso más profesional en su práctica artística.
Siendo autodidacta, su formación formal se limitó a un año en una escuela de arte, donde su mentor le sugirió participar en proyectos como el concurso “El auto de tus sueños”, donde obtuvo el segundo lugar a nivel nacional. Además, ganó el primer lugar en el “V Salón Nacional de Arte Infantil” con su obra “Un último aliento”, realizada en acrílico y patrocinada por el Centro Cultural Sampedrano.
Aunque actualmente se enfoca en estudiar Mercadotecnia y Negocios Internacionales, áreas que se alejan de su pasión por el arte, Linda continúa practicando ilustración en su tiempo libre, con el objetivo de mejorar sus habilidades y, algún día, poder promocionar su trabajo artístico de manera profesional.
Doña Lidia, una mujer admirable, aparece en la fotografía secando maíz en la mesa, una imagen que cuenta la historia de su trabajo y del origen de ese maíz, que da lugar a un platillo típico. La simplicidad de la escena capturada permite reflejar la belleza de las tradiciones familiares, mientras que el diseño de la obra toma la forma de una estampilla gigante, un guiño a la antigüedad y a las estampillas y tarjetas postales de tiempos pasados. Los maizales negros representados en la ilustración simbolizan las cosechas de este alimento y el origen del platillo tradicional.
La pieza representa a Doña Lidia, simbolizando la cultura y la herencia que se transmite de generación en generación, un legado que se preserva a través de los años gracias a los padres y abuelos. El platillo de tortillas de maíz negro y una taza de café, característicos de Lempira e Intibucá, es un reflejo de las tradiciones culinarias hondureñas. Las tortillas, que se preparan para toda la semana o incluso quince días, se tuestan en las brasas cada vez que se consumen, representando una conexión profunda con las raíces culturales de la región. Para enriquecer la obra, se consultaron relatos de familiares, amigos y publicaciones sobre el platillo y su origen.
Aunque la obra no está inspirada en una fecha específica, se presenta como un homenaje a un pasado viviente, una tradición que ha perdurado a lo largo de los años. El diseño de la pieza, basado en una estampilla postal, evoca la nostalgia de épocas pasadas. Es proveniente de las primeras etapas del desarrollo cultural en América, a finales del Paleoindio y Principios del periodo Arcaico, pero el diseño de la pieza está basado en una estampilla o sello postal, siendo el primero emitido en enero de 1896.
Linda Cristina Colindres Orellana, 17 años, inició su camino en la ilustración digital en 2019. Su primer contacto con el dibujo digital fue a través de una tableta y aplicaciones como Ibis Paint, Medibang y Flip a Clip, a pesar de las limitaciones tecnológicas como la falta de espacio y el uso de los dedos en lugar de un lápiz táctil. Al notar su creciente pasión por el arte digital, su familia la apoyó adquiriendo una laptop y un lápiz táctil, lo que le permitió dar un paso más profesional en su práctica artística.
Siendo autodidacta, su formación formal se limitó a un año en una escuela de arte, donde su mentor le sugirió participar en proyectos como el concurso “El auto de tus sueños”, donde obtuvo el segundo lugar a nivel nacional. Además, ganó el primer lugar en el “V Salón Nacional de Arte Infantil” con su obra “Un último aliento”, realizada en acrílico y patrocinada por el Centro Cultural Sampedrano.
Aunque actualmente se enfoca en estudiar Mercadotecnia y Negocios Internacionales, áreas que se alejan de su pasión por el arte, Linda continúa practicando ilustración en su tiempo libre, con el objetivo de mejorar sus habilidades y, algún día, poder promocionar su trabajo artístico de manera profesional.
Doña Lidia, una mujer admirable, aparece en la fotografía secando maíz en la mesa, una imagen que cuenta la historia de su trabajo y del origen de ese maíz, que da lugar a un platillo típico. La simplicidad de la escena capturada permite reflejar la belleza de las tradiciones familiares, mientras que el diseño de la obra toma la forma de una estampilla gigante, un guiño a la antigüedad y a las estampillas y tarjetas postales de tiempos pasados. Los maizales negros representados en la ilustración simbolizan las cosechas de este alimento y el origen del platillo tradicional.
La pieza representa a Doña Lidia, simbolizando la cultura y la herencia que se transmite de generación en generación, un legado que se preserva a través de los años gracias a los padres y abuelos. El platillo de tortillas de maíz negro y una taza de café, característicos de Lempira e Intibucá, es un reflejo de las tradiciones culinarias hondureñas. Las tortillas, que se preparan para toda la semana o incluso quince días, se tuestan en las brasas cada vez que se consumen, representando una conexión profunda con las raíces culturales de la región. Para enriquecer la obra, se consultaron relatos de familiares, amigos y publicaciones sobre el platillo y su origen.
Aunque la obra no está inspirada en una fecha específica, se presenta como un homenaje a un pasado viviente, una tradición que ha perdurado a lo largo de los años. El diseño de la pieza, basado en una estampilla postal, evoca la nostalgia de épocas pasadas. Es proveniente de las primeras etapas del desarrollo cultural en América, a finales del Paleoindio y Principios del periodo Arcaico, pero el diseño de la pieza está basado en una estampilla o sello postal, siendo el primero emitido en enero de 1896.
Doña Lidia, una mujer admirable, aparece en la fotografía secando maíz en la mesa, una imagen que cuenta la historia de su trabajo y del origen de ese maíz, que da lugar a un platillo típico. La simplicidad de la escena capturada permite reflejar la belleza de las tradiciones familiares, mientras que el diseño de la obra toma la forma de una estampilla gigante, un guiño a la antigüedad y a las estampillas y tarjetas postales de tiempos pasados. Los maizales negros representados en la ilustración simbolizan las cosechas de este alimento y el origen del platillo tradicional.
La pieza representa a Doña Lidia, simbolizando la cultura y la herencia que se transmite de generación en generación, un legado que se preserva a través de los años gracias a los padres y abuelos. El platillo de tortillas de maíz negro y una taza de café, característicos de Lempira e Intibucá, es un reflejo de las tradiciones culinarias hondureñas. Las tortillas, que se preparan para toda la semana o incluso quince días, se tuestan en las brasas cada vez que se consumen, representando una conexión profunda con las raíces culturales de la región. Para enriquecer la obra, se consultaron relatos de familiares, amigos y publicaciones sobre el platillo y su origen.
Aunque la obra no está inspirada en una fecha específica, se presenta como un homenaje a un pasado viviente, una tradición que ha perdurado a lo largo de los años. El diseño de la pieza, basado en una estampilla postal, evoca la nostalgia de épocas pasadas. Es proveniente de las primeras etapas del desarrollo cultural en América, a finales del Paleoindio y Principios del periodo Arcaico, pero el diseño de la pieza está basado en una estampilla o sello postal, siendo el primero emitido en enero de 1896.
Linda Cristina Colindres Orellana, 17 años, inició su camino en la ilustración digital en 2019. Su primer contacto con el dibujo digital fue a través de una tableta y aplicaciones como Ibis Paint, Medibang y Flip a Clip, a pesar de las limitaciones tecnológicas como la falta de espacio y el uso de los dedos en lugar de un lápiz táctil. Al notar su creciente pasión por el arte digital, su familia la apoyó adquiriendo una laptop y un lápiz táctil, lo que le permitió dar un paso más profesional en su práctica artística.
Siendo autodidacta, su formación formal se limitó a un año en una escuela de arte, donde su mentor le sugirió participar en proyectos como el concurso “El auto de tus sueños”, donde obtuvo el segundo lugar a nivel nacional. Además, ganó el primer lugar en el “V Salón Nacional de Arte Infantil” con su obra “Un último aliento”, realizada en acrílico y patrocinada por el Centro Cultural Sampedrano.
Aunque actualmente se enfoca en estudiar Mercadotecnia y Negocios Internacionales, áreas que se alejan de su pasión por el arte, Linda continúa practicando ilustración en su tiempo libre, con el objetivo de mejorar sus habilidades y, algún día, poder promocionar su trabajo artístico de manera profesional.
"La entrada a nuestra cultura" es una ilustración que evoca los años 80-90 en La Entrada, Copán, un lugar popular en sus inicios como centro comercial. Inspirada por una experiencia personal del artista en su infancia, la pieza retrata a la señora que aparece en la fotografía, representando los valores y la esencia del pueblo de Copán. El enfoque principal de la obra es la Iglesia Católica San Antonio de Padua, un símbolo religioso y arquitectónico que forma parte del legado ancestral de la ciudad. Esta iglesia, construida entre 1957 y 1963 durante el gobierno de Ramón Villeda Morales, está hecha con piedras mayas, lo que refuerza su conexión con el patrimonio cultural. La ilustración resalta la importancia de la iglesia como centro de identidad local, un sitio emblemático que simboliza la relación entre el pasado y el presente de Copán. Los colores cálidos, como el amarillo (que representa la luz y la esperanza), el magenta y rojo (que reflejan pasión y creatividad), y el azul celeste (que evoca serenidad y confianza), transmiten la energía vibrante de la comunidad local y su gente. El comercio local, una parte fundamental de la vida cotidiana, también se refleja en la obra a través de la interacción entre los vendedores y compradores que rodean la iglesia. Aunque las ruinas mayas se encuentran en el segundo plano de la ilustración, su presencia gráfica simboliza el vínculo histórico de la ciudad con el pasado maya, destacando el puente cultural entre las ruinas de Copán y la vida moderna.
Empecé en el mundo artístico a mis 11 años. Mi infancia fue en vuelto en el arte gracias a mis padres quienes me han guiado y fomentado el amor al arte. He tenido la oportunidad de destacarme en diferentes concursos que, gracias a la creatividad, investigación y a la exploración visual he tenido resultados satisfactorios. Gracias a esto me he podido adentrar al mundo visual en el cual ejerzo mi profesión como Licenciado en Diseño Gráfico y Dirección de Arte. Gracias al arte que es una herramienta visual abierta, he tenido la oportunidad de ser parte de proyectos nacionales e internacionales en los cuales he destacado en:
En cuanto a experiencia artísticas personales me he desenvuelto en las artes técnica tradicional y en las innovadoras como es digital. Siempre he creído que la creatividad y el arte es un lenguaje que nos ayuda a visualizar lo que no podemos explicar con palabras.
"La entrada a nuestra cultura" es una ilustración que evoca los años 80-90 en La Entrada, Copán, un lugar popular en sus inicios como centro comercial. Inspirada por una experiencia personal del artista en su infancia, la pieza retrata a la señora que aparece en la fotografía, representando los valores y la esencia del pueblo de Copán. El enfoque principal de la obra es la Iglesia Católica San Antonio de Padua, un símbolo religioso y arquitectónico que forma parte del legado ancestral de la ciudad. Esta iglesia, construida entre 1957 y 1963 durante el gobierno de Ramón Villeda Morales, está hecha con piedras mayas, lo que refuerza su conexión con el patrimonio cultural. La ilustración resalta la importancia de la iglesia como centro de identidad local, un sitio emblemático que simboliza la relación entre el pasado y el presente de Copán. Los colores cálidos, como el amarillo (que representa la luz y la esperanza), el magenta y rojo (que reflejan pasión y creatividad), y el azul celeste (que evoca serenidad y confianza), transmiten la energía vibrante de la comunidad local y su gente. El comercio local, una parte fundamental de la vida cotidiana, también se refleja en la obra a través de la interacción entre los vendedores y compradores que rodean la iglesia. Aunque las ruinas mayas se encuentran en el segundo plano de la ilustración, su presencia gráfica simboliza el vínculo histórico de la ciudad con el pasado maya, destacando el puente cultural entre las ruinas de Copán y la vida moderna.
"La entrada a nuestra cultura" es una ilustración que evoca los años 80-90 en La Entrada, Copán, un lugar popular en sus inicios como centro comercial. Inspirada por una experiencia personal del artista en su infancia, la pieza retrata a la señora que aparece en la fotografía, representando los valores y la esencia del pueblo de Copán. El enfoque principal de la obra es la Iglesia Católica San Antonio de Padua, un símbolo religioso y arquitectónico que forma parte del legado ancestral de la ciudad. Esta iglesia, construida entre 1957 y 1963 durante el gobierno de Ramón Villeda Morales, está hecha con piedras mayas, lo que refuerza su conexión con el patrimonio cultural. La ilustración resalta la importancia de la iglesia como centro de identidad local, un sitio emblemático que simboliza la relación entre el pasado y el presente de Copán. Los colores cálidos, como el amarillo (que representa la luz y la esperanza), el magenta y rojo (que reflejan pasión y creatividad), y el azul celeste (que evoca serenidad y confianza), transmiten la energía vibrante de la comunidad local y su gente. El comercio local, una parte fundamental de la vida cotidiana, también se refleja en la obra a través de la interacción entre los vendedores y compradores que rodean la iglesia. Aunque las ruinas mayas se encuentran en el segundo plano de la ilustración, su presencia gráfica simboliza el vínculo histórico de la ciudad con el pasado maya, destacando el puente cultural entre las ruinas de Copán y la vida moderna.
Empecé en el mundo artístico a mis 11 años. Mi infancia fue en vuelto en el arte gracias a mis padres quienes me han guiado y fomentado el amor al arte. He tenido la oportunidad de destacarme en diferentes concursos que, gracias a la creatividad, investigación y a la exploración visual he tenido resultados satisfactorios. Gracias a esto me he podido adentrar al mundo visual en el cual ejerzo mi profesión como Licenciado en Diseño Gráfico y Dirección de Arte. Gracias al arte que es una herramienta visual abierta, he tenido la oportunidad de ser parte de proyectos nacionales e internacionales en los cuales he destacado en:
En cuanto a experiencia artísticas personales me he desenvuelto en las artes técnica tradicional y en las innovadoras como es digital. Siempre he creído que la creatividad y el arte es un lenguaje que nos ayuda a visualizar lo que no podemos explicar con palabras.
"La entrada a nuestra cultura" es una ilustración que evoca los años 80-90 en La Entrada, Copán, un lugar popular en sus inicios como centro comercial. Inspirada por una experiencia personal del artista en su infancia, la pieza retrata a la señora que aparece en la fotografía, representando los valores y la esencia del pueblo de Copán. El enfoque principal de la obra es la Iglesia Católica San Antonio de Padua, un símbolo religioso y arquitectónico que forma parte del legado ancestral de la ciudad. Esta iglesia, construida entre 1957 y 1963 durante el gobierno de Ramón Villeda Morales, está hecha con piedras mayas, lo que refuerza su conexión con el patrimonio cultural. La ilustración resalta la importancia de la iglesia como centro de identidad local, un sitio emblemático que simboliza la relación entre el pasado y el presente de Copán. Los colores cálidos, como el amarillo (que representa la luz y la esperanza), el magenta y rojo (que reflejan pasión y creatividad), y el azul celeste (que evoca serenidad y confianza), transmiten la energía vibrante de la comunidad local y su gente. El comercio local, una parte fundamental de la vida cotidiana, también se refleja en la obra a través de la interacción entre los vendedores y compradores que rodean la iglesia. Aunque las ruinas mayas se encuentran en el segundo plano de la ilustración, su presencia gráfica simboliza el vínculo histórico de la ciudad con el pasado maya, destacando el puente cultural entre las ruinas de Copán y la vida moderna.
Empecé en el mundo artístico a mis 11 años. Mi infancia fue en vuelto en el arte gracias a mis padres quienes me han guiado y fomentado el amor al arte. He tenido la oportunidad de destacarme en diferentes concursos que, gracias a la creatividad, investigación y a la exploración visual he tenido resultados satisfactorios. Gracias a esto me he podido adentrar al mundo visual en el cual ejerzo mi profesión como Licenciado en Diseño Gráfico y Dirección de Arte. Gracias al arte que es una herramienta visual abierta, he tenido la oportunidad de ser parte de proyectos nacionales e internacionales en los cuales he destacado en:
En cuanto a experiencia artísticas personales me he desenvuelto en las artes técnica tradicional y en las innovadoras como es digital. Siempre he creído que la creatividad y el arte es un lenguaje que nos ayuda a visualizar lo que no podemos explicar con palabras.
"La entrada a nuestra cultura" es una ilustración que evoca los años 80-90 en La Entrada, Copán, un lugar popular en sus inicios como centro comercial. Inspirada por una experiencia personal del artista en su infancia, la pieza retrata a la señora que aparece en la fotografía, representando los valores y la esencia del pueblo de Copán. El enfoque principal de la obra es la Iglesia Católica San Antonio de Padua, un símbolo religioso y arquitectónico que forma parte del legado ancestral de la ciudad. Esta iglesia, construida entre 1957 y 1963 durante el gobierno de Ramón Villeda Morales, está hecha con piedras mayas, lo que refuerza su conexión con el patrimonio cultural. La ilustración resalta la importancia de la iglesia como centro de identidad local, un sitio emblemático que simboliza la relación entre el pasado y el presente de Copán. Los colores cálidos, como el amarillo (que representa la luz y la esperanza), el magenta y rojo (que reflejan pasión y creatividad), y el azul celeste (que evoca serenidad y confianza), transmiten la energía vibrante de la comunidad local y su gente. El comercio local, una parte fundamental de la vida cotidiana, también se refleja en la obra a través de la interacción entre los vendedores y compradores que rodean la iglesia. Aunque las ruinas mayas se encuentran en el segundo plano de la ilustración, su presencia gráfica simboliza el vínculo histórico de la ciudad con el pasado maya, destacando el puente cultural entre las ruinas de Copán y la vida moderna.
"La entrada a nuestra cultura" es una ilustración que evoca los años 80-90 en La Entrada, Copán, un lugar popular en sus inicios como centro comercial. Inspirada por una experiencia personal del artista en su infancia, la pieza retrata a la señora que aparece en la fotografía, representando los valores y la esencia del pueblo de Copán. El enfoque principal de la obra es la Iglesia Católica San Antonio de Padua, un símbolo religioso y arquitectónico que forma parte del legado ancestral de la ciudad. Esta iglesia, construida entre 1957 y 1963 durante el gobierno de Ramón Villeda Morales, está hecha con piedras mayas, lo que refuerza su conexión con el patrimonio cultural. La ilustración resalta la importancia de la iglesia como centro de identidad local, un sitio emblemático que simboliza la relación entre el pasado y el presente de Copán. Los colores cálidos, como el amarillo (que representa la luz y la esperanza), el magenta y rojo (que reflejan pasión y creatividad), y el azul celeste (que evoca serenidad y confianza), transmiten la energía vibrante de la comunidad local y su gente. El comercio local, una parte fundamental de la vida cotidiana, también se refleja en la obra a través de la interacción entre los vendedores y compradores que rodean la iglesia. Aunque las ruinas mayas se encuentran en el segundo plano de la ilustración, su presencia gráfica simboliza el vínculo histórico de la ciudad con el pasado maya, destacando el puente cultural entre las ruinas de Copán y la vida moderna.
Empecé en el mundo artístico a mis 11 años. Mi infancia fue en vuelto en el arte gracias a mis padres quienes me han guiado y fomentado el amor al arte. He tenido la oportunidad de destacarme en diferentes concursos que, gracias a la creatividad, investigación y a la exploración visual he tenido resultados satisfactorios. Gracias a esto me he podido adentrar al mundo visual en el cual ejerzo mi profesión como Licenciado en Diseño Gráfico y Dirección de Arte. Gracias al arte que es una herramienta visual abierta, he tenido la oportunidad de ser parte de proyectos nacionales e internacionales en los cuales he destacado en:
En cuanto a experiencia artísticas personales me he desenvuelto en las artes técnica tradicional y en las innovadoras como es digital. Siempre he creído que la creatividad y el arte es un lenguaje que nos ayuda a visualizar lo que no podemos explicar con palabras.
Inspirada en la renovación de la fachada del Teatro Manuel Bonilla en los años 30 y en las obras de autores como Ramón Amaya Amador y Daniel Laínez en los años 50, la artista retrata cómo, al caer la noche, las personas parecen emerger de épocas pasadas para fusionarse con la realidad actual. Esta fusión fluye por la plaza y asciende hacia el teatro, como un susurro que conecta el pasado con el presente. "La función esperada" recrea una noche de teatro que trasciende el tiempo, convirtiéndose en un recuerdo efímero del pasado. En ella, los personajes cobran vida y el escenario se disuelve, permitiendo que dos universos paralelos se encuentren. La obra ilustra cómo las memorias del pasado se entrelazan con el presente, mientras se delinean los encuentros sociales antes y después de la función, en las afueras del teatro. Con un enfoque en las relaciones humanas, la obra pone de relieve cómo, en esos momentos previos y posteriores a la función, el teatro se convierte en el testigo silencioso de palabras, vínculos y asociaciones que definen nuestra sociedad hondureña. Estos momentos, cargados de emoción y expectativas, son los más esperados y, al mismo tiempo, los más significativos.
Es Licenciada en Diseño Gráfico y artista autodidacta en artes visuales. Se ha desempeñado como profesional en Diseño Gráfico e Ilustración desde 2018 para diversas empresas nacionales e internacionales. Actualmente cursa un Máster en Animación. Desde pequeña, participó en varios concursos de dibujo en la escuela y el colegio, siempre motivada por mostrar su talento. Así comenzó su exploración en las artes plásticas, experimentando con diversos materiales y medios en ilustración y pintura. En la universidad, se adentró en la Ilustración Digital a través de un proyecto inmersivo de cuentos infantiles, lo que le permitió crear varios libros infantiles como autora e ilustradora. En 2024, fue seleccionada por Procreate para exponer su pieza "Vamos a Soñar" en Playgrounds In Motion en Londres. Le gusta diversificar su estilo de ilustración, lo que considera le permite expresarse como si fuera un lenguaje diferente. Actualmente, continúa trabajando en comisiones para aplicaciones, medios digitales y proyectos artísticos, siempre motivada por seguir aprendiendo y perfeccionando su técnica en la ilustración.
Inspirada en la renovación de la fachada del Teatro Manuel Bonilla en los años 30 y en las obras de autores como Ramón Amaya Amador y Daniel Laínez en los años 50, la artista retrata cómo, al caer la noche, las personas parecen emerger de épocas pasadas para fusionarse con la realidad actual. Esta fusión fluye por la plaza y asciende hacia el teatro, como un susurro que conecta el pasado con el presente. "La función esperada" recrea una noche de teatro que trasciende el tiempo, convirtiéndose en un recuerdo efímero del pasado. En ella, los personajes cobran vida y el escenario se disuelve, permitiendo que dos universos paralelos se encuentren. La obra ilustra cómo las memorias del pasado se entrelazan con el presente, mientras se delinean los encuentros sociales antes y después de la función, en las afueras del teatro. Con un enfoque en las relaciones humanas, la obra pone de relieve cómo, en esos momentos previos y posteriores a la función, el teatro se convierte en el testigo silencioso de palabras, vínculos y asociaciones que definen nuestra sociedad hondureña. Estos momentos, cargados de emoción y expectativas, son los más esperados y, al mismo tiempo, los más significativos.
Inspirada en la renovación de la fachada del Teatro Manuel Bonilla en los años 30 y en las obras de autores como Ramón Amaya Amador y Daniel Laínez en los años 50, la artista retrata cómo, al caer la noche, las personas parecen emerger de épocas pasadas para fusionarse con la realidad actual. Esta fusión fluye por la plaza y asciende hacia el teatro, como un susurro que conecta el pasado con el presente. "La función esperada" recrea una noche de teatro que trasciende el tiempo, convirtiéndose en un recuerdo efímero del pasado. En ella, los personajes cobran vida y el escenario se disuelve, permitiendo que dos universos paralelos se encuentren. La obra ilustra cómo las memorias del pasado se entrelazan con el presente, mientras se delinean los encuentros sociales antes y después de la función, en las afueras del teatro. Con un enfoque en las relaciones humanas, la obra pone de relieve cómo, en esos momentos previos y posteriores a la función, el teatro se convierte en el testigo silencioso de palabras, vínculos y asociaciones que definen nuestra sociedad hondureña. Estos momentos, cargados de emoción y expectativas, son los más esperados y, al mismo tiempo, los más significativos.
Es Licenciada en Diseño Gráfico y artista autodidacta en artes visuales. Se ha desempeñado como profesional en Diseño Gráfico e Ilustración desde 2018 para diversas empresas nacionales e internacionales. Actualmente cursa un Máster en Animación. Desde pequeña, participó en varios concursos de dibujo en la escuela y el colegio, siempre motivada por mostrar su talento. Así comenzó su exploración en las artes plásticas, experimentando con diversos materiales y medios en ilustración y pintura. En la universidad, se adentró en la Ilustración Digital a través de un proyecto inmersivo de cuentos infantiles, lo que le permitió crear varios libros infantiles como autora e ilustradora. En 2024, fue seleccionada por Procreate para exponer su pieza "Vamos a Soñar" en Playgrounds In Motion en Londres. Le gusta diversificar su estilo de ilustración, lo que considera le permite expresarse como si fuera un lenguaje diferente. Actualmente, continúa trabajando en comisiones para aplicaciones, medios digitales y proyectos artísticos, siempre motivada por seguir aprendiendo y perfeccionando su técnica en la ilustración.
Inspirada en la renovación de la fachada del Teatro Manuel Bonilla en los años 30 y en las obras de autores como Ramón Amaya Amador y Daniel Laínez en los años 50, la artista retrata cómo, al caer la noche, las personas parecen emerger de épocas pasadas para fusionarse con la realidad actual. Esta fusión fluye por la plaza y asciende hacia el teatro, como un susurro que conecta el pasado con el presente. "La función esperada" recrea una noche de teatro que trasciende el tiempo, convirtiéndose en un recuerdo efímero del pasado. En ella, los personajes cobran vida y el escenario se disuelve, permitiendo que dos universos paralelos se encuentren. La obra ilustra cómo las memorias del pasado se entrelazan con el presente, mientras se delinean los encuentros sociales antes y después de la función, en las afueras del teatro. Con un enfoque en las relaciones humanas, la obra pone de relieve cómo, en esos momentos previos y posteriores a la función, el teatro se convierte en el testigo silencioso de palabras, vínculos y asociaciones que definen nuestra sociedad hondureña. Estos momentos, cargados de emoción y expectativas, son los más esperados y, al mismo tiempo, los más significativos.
Es Licenciada en Diseño Gráfico y artista autodidacta en artes visuales. Se ha desempeñado como profesional en Diseño Gráfico e Ilustración desde 2018 para diversas empresas nacionales e internacionales. Actualmente cursa un Máster en Animación. Desde pequeña, participó en varios concursos de dibujo en la escuela y el colegio, siempre motivada por mostrar su talento. Así comenzó su exploración en las artes plásticas, experimentando con diversos materiales y medios en ilustración y pintura. En la universidad, se adentró en la Ilustración Digital a través de un proyecto inmersivo de cuentos infantiles, lo que le permitió crear varios libros infantiles como autora e ilustradora. En 2024, fue seleccionada por Procreate para exponer su pieza "Vamos a Soñar" en Playgrounds In Motion en Londres. Le gusta diversificar su estilo de ilustración, lo que considera le permite expresarse como si fuera un lenguaje diferente. Actualmente, continúa trabajando en comisiones para aplicaciones, medios digitales y proyectos artísticos, siempre motivada por seguir aprendiendo y perfeccionando su técnica en la ilustración.
Inspirada en la renovación de la fachada del Teatro Manuel Bonilla en los años 30 y en las obras de autores como Ramón Amaya Amador y Daniel Laínez en los años 50, la artista retrata cómo, al caer la noche, las personas parecen emerger de épocas pasadas para fusionarse con la realidad actual. Esta fusión fluye por la plaza y asciende hacia el teatro, como un susurro que conecta el pasado con el presente. "La función esperada" recrea una noche de teatro que trasciende el tiempo, convirtiéndose en un recuerdo efímero del pasado. En ella, los personajes cobran vida y el escenario se disuelve, permitiendo que dos universos paralelos se encuentren. La obra ilustra cómo las memorias del pasado se entrelazan con el presente, mientras se delinean los encuentros sociales antes y después de la función, en las afueras del teatro. Con un enfoque en las relaciones humanas, la obra pone de relieve cómo, en esos momentos previos y posteriores a la función, el teatro se convierte en el testigo silencioso de palabras, vínculos y asociaciones que definen nuestra sociedad hondureña. Estos momentos, cargados de emoción y expectativas, son los más esperados y, al mismo tiempo, los más significativos.
Inspirada en la renovación de la fachada del Teatro Manuel Bonilla en los años 30 y en las obras de autores como Ramón Amaya Amador y Daniel Laínez en los años 50, la artista retrata cómo, al caer la noche, las personas parecen emerger de épocas pasadas para fusionarse con la realidad actual. Esta fusión fluye por la plaza y asciende hacia el teatro, como un susurro que conecta el pasado con el presente. "La función esperada" recrea una noche de teatro que trasciende el tiempo, convirtiéndose en un recuerdo efímero del pasado. En ella, los personajes cobran vida y el escenario se disuelve, permitiendo que dos universos paralelos se encuentren. La obra ilustra cómo las memorias del pasado se entrelazan con el presente, mientras se delinean los encuentros sociales antes y después de la función, en las afueras del teatro. Con un enfoque en las relaciones humanas, la obra pone de relieve cómo, en esos momentos previos y posteriores a la función, el teatro se convierte en el testigo silencioso de palabras, vínculos y asociaciones que definen nuestra sociedad hondureña. Estos momentos, cargados de emoción y expectativas, son los más esperados y, al mismo tiempo, los más significativos.
Es Licenciada en Diseño Gráfico y artista autodidacta en artes visuales. Se ha desempeñado como profesional en Diseño Gráfico e Ilustración desde 2018 para diversas empresas nacionales e internacionales. Actualmente cursa un Máster en Animación. Desde pequeña, participó en varios concursos de dibujo en la escuela y el colegio, siempre motivada por mostrar su talento. Así comenzó su exploración en las artes plásticas, experimentando con diversos materiales y medios en ilustración y pintura. En la universidad, se adentró en la Ilustración Digital a través de un proyecto inmersivo de cuentos infantiles, lo que le permitió crear varios libros infantiles como autora e ilustradora. En 2024, fue seleccionada por Procreate para exponer su pieza "Vamos a Soñar" en Playgrounds In Motion en Londres. Le gusta diversificar su estilo de ilustración, lo que considera le permite expresarse como si fuera un lenguaje diferente. Actualmente, continúa trabajando en comisiones para aplicaciones, medios digitales y proyectos artísticos, siempre motivada por seguir aprendiendo y perfeccionando su técnica en la ilustración.
Esta pieza está inspirada en el anhelo de los años 70, una época crucial para el desarrollo de Honduras, marcada por el cultivo, comercio y exportación del banano, que impulsó el progreso y el trabajo en el país. La fotografía que inspiró la ilustración fue tomada en La Lima, una ciudad que aún conserva una locomotora de vapor, un símbolo del pasado industrial de Honduras. En la ilustración, se visualiza a un campesino al final de su jornada, llevando a casa el fruto de su esfuerzo, tal como lo hicieron miles de hondureños en esa época. El ferrocarril plasmado en la obra es un emblema de aquellos tiempos, representando la conexión del norte del país, desde San Pedro Sula hasta Tela, donde la Tela Railroad Company estableció sus raíces. La locomotora, aún presente hoy, evoca la grandeza de esa historia, recordándonos la riqueza y el legado que el tiempo jamás podrá borrar. Esta obra rinde homenaje a aquellos hombres y mujeres que, con su trabajo, aportaron a la construcción de un país, invitándonos a reconocer y honrar esas raíces.
Esta pieza está inspirada en el anhelo de los años 70, una época crucial para el desarrollo de Honduras, marcada por el cultivo, comercio y exportación del banano, que impulsó el progreso y el trabajo en el país. La fotografía que inspiró la ilustración fue tomada en La Lima, una ciudad que aún conserva una locomotora de vapor, un símbolo del pasado industrial de Honduras. En la ilustración, se visualiza a un campesino al final de su jornada, llevando a casa el fruto de su esfuerzo, tal como lo hicieron miles de hondureños en esa época. El ferrocarril plasmado en la obra es un emblema de aquellos tiempos, representando la conexión del norte del país, desde San Pedro Sula hasta Tela, donde la Tela Railroad Company estableció sus raíces. La locomotora, aún presente hoy, evoca la grandeza de esa historia, recordándonos la riqueza y el legado que el tiempo jamás podrá borrar. Esta obra rinde homenaje a aquellos hombres y mujeres que, con su trabajo, aportaron a la construcción de un país, invitándonos a reconocer y honrar esas raíces.
Esta pieza está inspirada en el anhelo de los años 70, una época crucial para el desarrollo de Honduras, marcada por el cultivo, comercio y exportación del banano, que impulsó el progreso y el trabajo en el país. La fotografía que inspiró la ilustración fue tomada en La Lima, una ciudad que aún conserva una locomotora de vapor, un símbolo del pasado industrial de Honduras. En la ilustración, se visualiza a un campesino al final de su jornada, llevando a casa el fruto de su esfuerzo, tal como lo hicieron miles de hondureños en esa época. El ferrocarril plasmado en la obra es un emblema de aquellos tiempos, representando la conexión del norte del país, desde San Pedro Sula hasta Tela, donde la Tela Railroad Company estableció sus raíces. La locomotora, aún presente hoy, evoca la grandeza de esa historia, recordándonos la riqueza y el legado que el tiempo jamás podrá borrar. Esta obra rinde homenaje a aquellos hombres y mujeres que, con su trabajo, aportaron a la construcción de un país, invitándonos a reconocer y honrar esas raíces.
Esta pieza está inspirada en el anhelo de los años 70, una época crucial para el desarrollo de Honduras, marcada por el cultivo, comercio y exportación del banano, que impulsó el progreso y el trabajo en el país. La fotografía que inspiró la ilustración fue tomada en La Lima, una ciudad que aún conserva una locomotora de vapor, un símbolo del pasado industrial de Honduras. En la ilustración, se visualiza a un campesino al final de su jornada, llevando a casa el fruto de su esfuerzo, tal como lo hicieron miles de hondureños en esa época. El ferrocarril plasmado en la obra es un emblema de aquellos tiempos, representando la conexión del norte del país, desde San Pedro Sula hasta Tela, donde la Tela Railroad Company estableció sus raíces. La locomotora, aún presente hoy, evoca la grandeza de esa historia, recordándonos la riqueza y el legado que el tiempo jamás podrá borrar. Esta obra rinde homenaje a aquellos hombres y mujeres que, con su trabajo, aportaron a la construcción de un país, invitándonos a reconocer y honrar esas raíces.
Esta pieza está inspirada en el anhelo de los años 70, una época crucial para el desarrollo de Honduras, marcada por el cultivo, comercio y exportación del banano, que impulsó el progreso y el trabajo en el país. La fotografía que inspiró la ilustración fue tomada en La Lima, una ciudad que aún conserva una locomotora de vapor, un símbolo del pasado industrial de Honduras. En la ilustración, se visualiza a un campesino al final de su jornada, llevando a casa el fruto de su esfuerzo, tal como lo hicieron miles de hondureños en esa época. El ferrocarril plasmado en la obra es un emblema de aquellos tiempos, representando la conexión del norte del país, desde San Pedro Sula hasta Tela, donde la Tela Railroad Company estableció sus raíces. La locomotora, aún presente hoy, evoca la grandeza de esa historia, recordándonos la riqueza y el legado que el tiempo jamás podrá borrar. Esta obra rinde homenaje a aquellos hombres y mujeres que, con su trabajo, aportaron a la construcción de un país, invitándonos a reconocer y honrar esas raíces.
Esta pieza está inspirada en el anhelo de los años 70, una época crucial para el desarrollo de Honduras, marcada por el cultivo, comercio y exportación del banano, que impulsó el progreso y el trabajo en el país. La fotografía que inspiró la ilustración fue tomada en La Lima, una ciudad que aún conserva una locomotora de vapor, un símbolo del pasado industrial de Honduras. En la ilustración, se visualiza a un campesino al final de su jornada, llevando a casa el fruto de su esfuerzo, tal como lo hicieron miles de hondureños en esa época. El ferrocarril plasmado en la obra es un emblema de aquellos tiempos, representando la conexión del norte del país, desde San Pedro Sula hasta Tela, donde la Tela Railroad Company estableció sus raíces. La locomotora, aún presente hoy, evoca la grandeza de esa historia, recordándonos la riqueza y el legado que el tiempo jamás podrá borrar. Esta obra rinde homenaje a aquellos hombres y mujeres que, con su trabajo, aportaron a la construcción de un país, invitándonos a reconocer y honrar esas raíces.
La ilustración, inspirada en la década de 1960 y en la construcción del edificio Midence Soto, refleja un estudio de la arquitectura, el urbanismo y la vida laboral de Tegucigalpa. Ambientada en un atardecer y en el constante movimiento del centro, "El Centro" captura la tranquilidad dentro del ajetreo diario, rindiendo homenaje a quienes impulsan la economía de la capital. Con lugares icónicos como la Catedral, el Palacio Municipal y el Midence Soto, destaca la conexión entre los habitantes y su entorno, mostrando cómo el paisaje urbano cobra vida a través de ellos. La imagen muestra un atardecer en la Catedral, rodeada por el Palacio Municipal y el tráfico de los años 60, con los icónicos microbuses Volkswagen y los lujosos taxis de la época, junto al recién construido edificio Midence Soto. Este homenaje celebra a quienes han dejado su huella en el centro de la ciudad, compartiendo historias y emociones que perduran. Desde pequeño, el autor acompañaba a su madre al centro de la ciudad para comprar productos cosméticos. Disfrutaba la experiencia: tras recorrer el mercado y llegar al bullicio del centro, se refugiaban bajo los árboles del parque central. Allí observaba a la gente en su propio ritmo: apresurados, sonrientes o melancólicos, cada uno avanzando con fuerza y determinación a pesar de sus dificultades. Participar en este concurso fue una experiencia única. Al principio, el autor se sentía inseguro, ya que las fotos que había tomado no lograban convencerlo. Había fotografiado muchos lugares y monumentos, pero ninguno capturaba lo que realmente buscaba. Pidió ayuda a Dios para encontrar el lugar y el momento adecuados. Ese viernes, al pasar por la Catedral, vio el cielo teñido de un tono anaranjado que iluminaba la Catedral de manera impresionante. Supo que ese era el momento. Bajó rápidamente y capturó la imagen con su teléfono, sintiendo una gran alegría al lograr el instante perfecto, antes de que el cielo se oscureciera.
Es una persona profundamente apasionada por el arte. Desde temprana edad, comprendió que el talento que Dios le otorgó es un don para compartir, una manera de ayudar a otros a ver y recordar nuestra esencia y a valorar la magnificencia de la vida y del mundo en el que vivimos. Su enfoque creativo se nutre de temas sociales, culturales y paisajísticos, buscando que cada obra cuente historias y evoque emociones con las que todos puedan identificarse.
La ilustración, inspirada en la década de 1960 y en la construcción del edificio Midence Soto, refleja un estudio de la arquitectura, el urbanismo y la vida laboral de Tegucigalpa. Ambientada en un atardecer y en el constante movimiento del centro, "El Centro" captura la tranquilidad dentro del ajetreo diario, rindiendo homenaje a quienes impulsan la economía de la capital. Con lugares icónicos como la Catedral, el Palacio Municipal y el Midence Soto, destaca la conexión entre los habitantes y su entorno, mostrando cómo el paisaje urbano cobra vida a través de ellos. La imagen muestra un atardecer en la Catedral, rodeada por el Palacio Municipal y el tráfico de los años 60, con los icónicos microbuses Volkswagen y los lujosos taxis de la época, junto al recién construido edificio Midence Soto. Este homenaje celebra a quienes han dejado su huella en el centro de la ciudad, compartiendo historias y emociones que perduran. Desde pequeño, el autor acompañaba a su madre al centro de la ciudad para comprar productos cosméticos. Disfrutaba la experiencia: tras recorrer el mercado y llegar al bullicio del centro, se refugiaban bajo los árboles del parque central. Allí observaba a la gente en su propio ritmo: apresurados, sonrientes o melancólicos, cada uno avanzando con fuerza y determinación a pesar de sus dificultades. Participar en este concurso fue una experiencia única. Al principio, el autor se sentía inseguro, ya que las fotos que había tomado no lograban convencerlo. Había fotografiado muchos lugares y monumentos, pero ninguno capturaba lo que realmente buscaba. Pidió ayuda a Dios para encontrar el lugar y el momento adecuados. Ese viernes, al pasar por la Catedral, vio el cielo teñido de un tono anaranjado que iluminaba la Catedral de manera impresionante. Supo que ese era el momento. Bajó rápidamente y capturó la imagen con su teléfono, sintiendo una gran alegría al lograr el instante perfecto, antes de que el cielo se oscureciera.
La ilustración, inspirada en la década de 1960 y en la construcción del edificio Midence Soto, refleja un estudio de la arquitectura, el urbanismo y la vida laboral de Tegucigalpa. Ambientada en un atardecer y en el constante movimiento del centro, "El Centro" captura la tranquilidad dentro del ajetreo diario, rindiendo homenaje a quienes impulsan la economía de la capital. Con lugares icónicos como la Catedral, el Palacio Municipal y el Midence Soto, destaca la conexión entre los habitantes y su entorno, mostrando cómo el paisaje urbano cobra vida a través de ellos. La imagen muestra un atardecer en la Catedral, rodeada por el Palacio Municipal y el tráfico de los años 60, con los icónicos microbuses Volkswagen y los lujosos taxis de la época, junto al recién construido edificio Midence Soto. Este homenaje celebra a quienes han dejado su huella en el centro de la ciudad, compartiendo historias y emociones que perduran. Desde pequeño, el autor acompañaba a su madre al centro de la ciudad para comprar productos cosméticos. Disfrutaba la experiencia: tras recorrer el mercado y llegar al bullicio del centro, se refugiaban bajo los árboles del parque central. Allí observaba a la gente en su propio ritmo: apresurados, sonrientes o melancólicos, cada uno avanzando con fuerza y determinación a pesar de sus dificultades. Participar en este concurso fue una experiencia única. Al principio, el autor se sentía inseguro, ya que las fotos que había tomado no lograban convencerlo. Había fotografiado muchos lugares y monumentos, pero ninguno capturaba lo que realmente buscaba. Pidió ayuda a Dios para encontrar el lugar y el momento adecuados. Ese viernes, al pasar por la Catedral, vio el cielo teñido de un tono anaranjado que iluminaba la Catedral de manera impresionante. Supo que ese era el momento. Bajó rápidamente y capturó la imagen con su teléfono, sintiendo una gran alegría al lograr el instante perfecto, antes de que el cielo se oscureciera.
Es una persona profundamente apasionada por el arte. Desde temprana edad, comprendió que el talento que Dios le otorgó es un don para compartir, una manera de ayudar a otros a ver y recordar nuestra esencia y a valorar la magnificencia de la vida y del mundo en el que vivimos. Su enfoque creativo se nutre de temas sociales, culturales y paisajísticos, buscando que cada obra cuente historias y evoque emociones con las que todos puedan identificarse.
La ilustración, inspirada en la década de 1960 y en la construcción del edificio Midence Soto, refleja un estudio de la arquitectura, el urbanismo y la vida laboral de Tegucigalpa. Ambientada en un atardecer y en el constante movimiento del centro, "El Centro" captura la tranquilidad dentro del ajetreo diario, rindiendo homenaje a quienes impulsan la economía de la capital. Con lugares icónicos como la Catedral, el Palacio Municipal y el Midence Soto, destaca la conexión entre los habitantes y su entorno, mostrando cómo el paisaje urbano cobra vida a través de ellos. La imagen muestra un atardecer en la Catedral, rodeada por el Palacio Municipal y el tráfico de los años 60, con los icónicos microbuses Volkswagen y los lujosos taxis de la época, junto al recién construido edificio Midence Soto. Este homenaje celebra a quienes han dejado su huella en el centro de la ciudad, compartiendo historias y emociones que perduran. Desde pequeño, el autor acompañaba a su madre al centro de la ciudad para comprar productos cosméticos. Disfrutaba la experiencia: tras recorrer el mercado y llegar al bullicio del centro, se refugiaban bajo los árboles del parque central. Allí observaba a la gente en su propio ritmo: apresurados, sonrientes o melancólicos, cada uno avanzando con fuerza y determinación a pesar de sus dificultades. Participar en este concurso fue una experiencia única. Al principio, el autor se sentía inseguro, ya que las fotos que había tomado no lograban convencerlo. Había fotografiado muchos lugares y monumentos, pero ninguno capturaba lo que realmente buscaba. Pidió ayuda a Dios para encontrar el lugar y el momento adecuados. Ese viernes, al pasar por la Catedral, vio el cielo teñido de un tono anaranjado que iluminaba la Catedral de manera impresionante. Supo que ese era el momento. Bajó rápidamente y capturó la imagen con su teléfono, sintiendo una gran alegría al lograr el instante perfecto, antes de que el cielo se oscureciera.
Es una persona profundamente apasionada por el arte. Desde temprana edad, comprendió que el talento que Dios le otorgó es un don para compartir, una manera de ayudar a otros a ver y recordar nuestra esencia y a valorar la magnificencia de la vida y del mundo en el que vivimos. Su enfoque creativo se nutre de temas sociales, culturales y paisajísticos, buscando que cada obra cuente historias y evoque emociones con las que todos puedan identificarse.
La ilustración, inspirada en la década de 1960 y en la construcción del edificio Midence Soto, refleja un estudio de la arquitectura, el urbanismo y la vida laboral de Tegucigalpa. Ambientada en un atardecer y en el constante movimiento del centro, "El Centro" captura la tranquilidad dentro del ajetreo diario, rindiendo homenaje a quienes impulsan la economía de la capital. Con lugares icónicos como la Catedral, el Palacio Municipal y el Midence Soto, destaca la conexión entre los habitantes y su entorno, mostrando cómo el paisaje urbano cobra vida a través de ellos. La imagen muestra un atardecer en la Catedral, rodeada por el Palacio Municipal y el tráfico de los años 60, con los icónicos microbuses Volkswagen y los lujosos taxis de la época, junto al recién construido edificio Midence Soto. Este homenaje celebra a quienes han dejado su huella en el centro de la ciudad, compartiendo historias y emociones que perduran. Desde pequeño, el autor acompañaba a su madre al centro de la ciudad para comprar productos cosméticos. Disfrutaba la experiencia: tras recorrer el mercado y llegar al bullicio del centro, se refugiaban bajo los árboles del parque central. Allí observaba a la gente en su propio ritmo: apresurados, sonrientes o melancólicos, cada uno avanzando con fuerza y determinación a pesar de sus dificultades. Participar en este concurso fue una experiencia única. Al principio, el autor se sentía inseguro, ya que las fotos que había tomado no lograban convencerlo. Había fotografiado muchos lugares y monumentos, pero ninguno capturaba lo que realmente buscaba. Pidió ayuda a Dios para encontrar el lugar y el momento adecuados. Ese viernes, al pasar por la Catedral, vio el cielo teñido de un tono anaranjado que iluminaba la Catedral de manera impresionante. Supo que ese era el momento. Bajó rápidamente y capturó la imagen con su teléfono, sintiendo una gran alegría al lograr el instante perfecto, antes de que el cielo se oscureciera.
La ilustración, inspirada en la década de 1960 y en la construcción del edificio Midence Soto, refleja un estudio de la arquitectura, el urbanismo y la vida laboral de Tegucigalpa. Ambientada en un atardecer y en el constante movimiento del centro, "El Centro" captura la tranquilidad dentro del ajetreo diario, rindiendo homenaje a quienes impulsan la economía de la capital. Con lugares icónicos como la Catedral, el Palacio Municipal y el Midence Soto, destaca la conexión entre los habitantes y su entorno, mostrando cómo el paisaje urbano cobra vida a través de ellos. La imagen muestra un atardecer en la Catedral, rodeada por el Palacio Municipal y el tráfico de los años 60, con los icónicos microbuses Volkswagen y los lujosos taxis de la época, junto al recién construido edificio Midence Soto. Este homenaje celebra a quienes han dejado su huella en el centro de la ciudad, compartiendo historias y emociones que perduran. Desde pequeño, el autor acompañaba a su madre al centro de la ciudad para comprar productos cosméticos. Disfrutaba la experiencia: tras recorrer el mercado y llegar al bullicio del centro, se refugiaban bajo los árboles del parque central. Allí observaba a la gente en su propio ritmo: apresurados, sonrientes o melancólicos, cada uno avanzando con fuerza y determinación a pesar de sus dificultades. Participar en este concurso fue una experiencia única. Al principio, el autor se sentía inseguro, ya que las fotos que había tomado no lograban convencerlo. Había fotografiado muchos lugares y monumentos, pero ninguno capturaba lo que realmente buscaba. Pidió ayuda a Dios para encontrar el lugar y el momento adecuados. Ese viernes, al pasar por la Catedral, vio el cielo teñido de un tono anaranjado que iluminaba la Catedral de manera impresionante. Supo que ese era el momento. Bajó rápidamente y capturó la imagen con su teléfono, sintiendo una gran alegría al lograr el instante perfecto, antes de que el cielo se oscureciera.
Es una persona profundamente apasionada por el arte. Desde temprana edad, comprendió que el talento que Dios le otorgó es un don para compartir, una manera de ayudar a otros a ver y recordar nuestra esencia y a valorar la magnificencia de la vida y del mundo en el que vivimos. Su enfoque creativo se nutre de temas sociales, culturales y paisajísticos, buscando que cada obra cuente historias y evoque emociones con las que todos puedan identificarse.
Durante un viaje con su familia y amigos, la artista capturó numerosas fotografías, pero una en particular llamó su atención. Quiso reflejar en una ilustración lo que veía: una madre y su hija compartiendo un momento especial. Para esta obra, dentro de la categoría de tradiciones y paisajes, la artista se inspiró en las vestimentas típicas de finales del siglo XIX, representadas de una manera más sencilla, como se usaban en esa época antes de la decoración excesiva de los tiempos modernos. La madre, cuidando a su hija mientras ella monta el caballo, refleja esta tradición, mientras que el padre, observando a su hija con cariño, lleva un sombrero característico de esos tiempos. En el fondo, se incluye una catedral, un símbolo de la rica cultura del país. A través de esta imagen, se preguntó sobre las historias de las personas detrás de la foto, pero lo que realmente percibió fue el vínculo profundo entre seres queridos, un lazo que perdura a lo largo del tiempo. Observó a su alrededor y notó cómo todos compartían momentos similares con sus familias y amigos, lo que inspiró la creación de esta pieza.
Desde pequeña, descubrió una gran pasión por dar vida a ideas a través de sus creaciones. Siempre ha sentido que su corazón pertenece al arte. El dibujo siempre estuvo presente en su vida, y desde hace cinco años, el arte digital se ha convertido en su principal medio de expresión. Actualmente, estudia Animación Digital, una carrera que le ha permitido explorar y crear en diversas formas de expresión artística. Su camino como artista también lo atribuye a una sólida red de apoyo, que comenzó en su hogar, con el respaldo de su padre, madre, hermanas y amigos. Cada experiencia en su vida la impulsa a dar lo mejor de sí en cada obra.
Durante un viaje con su familia y amigos, la artista capturó numerosas fotografías, pero una en particular llamó su atención. Quiso reflejar en una ilustración lo que veía: una madre y su hija compartiendo un momento especial. Para esta obra, dentro de la categoría de tradiciones y paisajes, la artista se inspiró en las vestimentas típicas de finales del siglo XIX, representadas de una manera más sencilla, como se usaban en esa época antes de la decoración excesiva de los tiempos modernos. La madre, cuidando a su hija mientras ella monta el caballo, refleja esta tradición, mientras que el padre, observando a su hija con cariño, lleva un sombrero característico de esos tiempos. En el fondo, se incluye una catedral, un símbolo de la rica cultura del país. A través de esta imagen, se preguntó sobre las historias de las personas detrás de la foto, pero lo que realmente percibió fue el vínculo profundo entre seres queridos, un lazo que perdura a lo largo del tiempo. Observó a su alrededor y notó cómo todos compartían momentos similares con sus familias y amigos, lo que inspiró la creación de esta pieza.
Durante un viaje con su familia y amigos, la artista capturó numerosas fotografías, pero una en particular llamó su atención. Quiso reflejar en una ilustración lo que veía: una madre y su hija compartiendo un momento especial. Para esta obra, dentro de la categoría de tradiciones y paisajes, la artista se inspiró en las vestimentas típicas de finales del siglo XIX, representadas de una manera más sencilla, como se usaban en esa época antes de la decoración excesiva de los tiempos modernos. La madre, cuidando a su hija mientras ella monta el caballo, refleja esta tradición, mientras que el padre, observando a su hija con cariño, lleva un sombrero característico de esos tiempos. En el fondo, se incluye una catedral, un símbolo de la rica cultura del país. A través de esta imagen, se preguntó sobre las historias de las personas detrás de la foto, pero lo que realmente percibió fue el vínculo profundo entre seres queridos, un lazo que perdura a lo largo del tiempo. Observó a su alrededor y notó cómo todos compartían momentos similares con sus familias y amigos, lo que inspiró la creación de esta pieza.
Desde pequeña, descubrió una gran pasión por dar vida a ideas a través de sus creaciones. Siempre ha sentido que su corazón pertenece al arte. El dibujo siempre estuvo presente en su vida, y desde hace cinco años, el arte digital se ha convertido en su principal medio de expresión. Actualmente, estudia Animación Digital, una carrera que le ha permitido explorar y crear en diversas formas de expresión artística. Su camino como artista también lo atribuye a una sólida red de apoyo, que comenzó en su hogar, con el respaldo de su padre, madre, hermanas y amigos. Cada experiencia en su vida la impulsa a dar lo mejor de sí en cada obra.
Durante un viaje con su familia y amigos, la artista capturó numerosas fotografías, pero una en particular llamó su atención. Quiso reflejar en una ilustración lo que veía: una madre y su hija compartiendo un momento especial. Para esta obra, dentro de la categoría de tradiciones y paisajes, la artista se inspiró en las vestimentas típicas de finales del siglo XIX, representadas de una manera más sencilla, como se usaban en esa época antes de la decoración excesiva de los tiempos modernos. La madre, cuidando a su hija mientras ella monta el caballo, refleja esta tradición, mientras que el padre, observando a su hija con cariño, lleva un sombrero característico de esos tiempos. En el fondo, se incluye una catedral, un símbolo de la rica cultura del país. A través de esta imagen, se preguntó sobre las historias de las personas detrás de la foto, pero lo que realmente percibió fue el vínculo profundo entre seres queridos, un lazo que perdura a lo largo del tiempo. Observó a su alrededor y notó cómo todos compartían momentos similares con sus familias y amigos, lo que inspiró la creación de esta pieza.
Desde pequeña, descubrió una gran pasión por dar vida a ideas a través de sus creaciones. Siempre ha sentido que su corazón pertenece al arte. El dibujo siempre estuvo presente en su vida, y desde hace cinco años, el arte digital se ha convertido en su principal medio de expresión. Actualmente, estudia Animación Digital, una carrera que le ha permitido explorar y crear en diversas formas de expresión artística. Su camino como artista también lo atribuye a una sólida red de apoyo, que comenzó en su hogar, con el respaldo de su padre, madre, hermanas y amigos. Cada experiencia en su vida la impulsa a dar lo mejor de sí en cada obra.
Durante un viaje con su familia y amigos, la artista capturó numerosas fotografías, pero una en particular llamó su atención. Quiso reflejar en una ilustración lo que veía: una madre y su hija compartiendo un momento especial. Para esta obra, dentro de la categoría de tradiciones y paisajes, la artista se inspiró en las vestimentas típicas de finales del siglo XIX, representadas de una manera más sencilla, como se usaban en esa época antes de la decoración excesiva de los tiempos modernos. La madre, cuidando a su hija mientras ella monta el caballo, refleja esta tradición, mientras que el padre, observando a su hija con cariño, lleva un sombrero característico de esos tiempos. En el fondo, se incluye una catedral, un símbolo de la rica cultura del país. A través de esta imagen, se preguntó sobre las historias de las personas detrás de la foto, pero lo que realmente percibió fue el vínculo profundo entre seres queridos, un lazo que perdura a lo largo del tiempo. Observó a su alrededor y notó cómo todos compartían momentos similares con sus familias y amigos, lo que inspiró la creación de esta pieza.
Durante un viaje con su familia y amigos, la artista capturó numerosas fotografías, pero una en particular llamó su atención. Quiso reflejar en una ilustración lo que veía: una madre y su hija compartiendo un momento especial. Para esta obra, dentro de la categoría de tradiciones y paisajes, la artista se inspiró en las vestimentas típicas de finales del siglo XIX, representadas de una manera más sencilla, como se usaban en esa época antes de la decoración excesiva de los tiempos modernos. La madre, cuidando a su hija mientras ella monta el caballo, refleja esta tradición, mientras que el padre, observando a su hija con cariño, lleva un sombrero característico de esos tiempos. En el fondo, se incluye una catedral, un símbolo de la rica cultura del país. A través de esta imagen, se preguntó sobre las historias de las personas detrás de la foto, pero lo que realmente percibió fue el vínculo profundo entre seres queridos, un lazo que perdura a lo largo del tiempo. Observó a su alrededor y notó cómo todos compartían momentos similares con sus familias y amigos, lo que inspiró la creación de esta pieza.
Desde pequeña, descubrió una gran pasión por dar vida a ideas a través de sus creaciones. Siempre ha sentido que su corazón pertenece al arte. El dibujo siempre estuvo presente en su vida, y desde hace cinco años, el arte digital se ha convertido en su principal medio de expresión. Actualmente, estudia Animación Digital, una carrera que le ha permitido explorar y crear en diversas formas de expresión artística. Su camino como artista también lo atribuye a una sólida red de apoyo, que comenzó en su hogar, con el respaldo de su padre, madre, hermanas y amigos. Cada experiencia en su vida la impulsa a dar lo mejor de sí en cada obra.